El barco Ciego


Cesar Baptista, (Barquisimeto)

CARTA PERDIDA 2

Pues bien, desprevenido y puerco lector, conocedor de palabras solamente, he de confesar que tengo miedo, ahora cuando aún tiene fuerza mi mano. He de lanzar escupitajos si por tal causa desato compasión o burla.

Sé, claramente, que todo cuanto he realizado y he de hacer no tiene puesto ni valor en el mercado. Me siento perseguido, perseguido por cuerdos de mentes débiles, jugadores de lotería, empleados, banqueros, distribuidores de desduchas, legión de cerdos que nunca se han atrevido a nada que no sea el ejercicio de la vulgaridad, la pedantería y la idiotez. Humanos con exceso de ínfulas y corbatas.

Estoy frente al mercado y siento el desconcierto. Pido socorro, Padre Santo, en medio de tanta abundancia.

Cómo no tener miedo si sé todo de lo que son capaces. No de matar, apalear, quebrar, torturar y martirizar el cuerpo, no. Aptos para el crimen, descuartizar, despedazar, hacer añicos, ajusticiar y asesinar el alma

y los mecanismos, desconfiado lector, son: con oscuridad, con la fatiga y los cansancios, con malos tratos, con tormentos, con ser privados del espíritu de Dios. Con suciedad. Con abundancia, con fármacos llamados drogas. Con trabajso forzados. Con el compromiso. Con la puerta de la ambición. Con los atropellos. Con la burla. Con hacer todo lo que no da placer. Con horarios, radiografías, fotografías. Con la televisión. Con la nómina. Con la pérdida del pudor. Con exámenes médicos y todas las profanaciones al cuerpo. Y lo peor, Dios mío, con los deberes fijos.

Mala Saña! (Hazaña).

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