La Bulla


Poesía. Autor: Frandius Cherubín. Radicado en Yaritagua y Licenciado en letras, esta muestra se titula “Poesía Negra-Verso Moreno” y está construida sobre la jerga y jocosidad de la dialéctica afro americana.


Tú te tá reyendo mío!
Y e’ que no te ha dao e’ cuenta
que’l cántaro se revienta
del agua que le haj metío
No me da caló ni frío
que po mí ya naíta sientaj
carota negra que avienta
siempre guarda su peíto
Yo me loj tragué toítoj
y hace rato di la güelta
gallina no tiene teta
ni que’l pollo eche mil píoj
Ayel juíte el amol mío
poniendome cacho en puelta
siempre viviaj muy contenta
y pa’ qué, yo amargao y bien fruncío
el desayuno era gritoj
el almuerzo a punta e’ piedraj
pa’ qué te digo la cena
broyo y broyo cá ratíco
Hojtinao yo he vivío
hajta guantando mi suegra
quej una margura e’ negra
yo, callao y resentío.
Tú te táj reyendo mío!
Me voy no ej pa’ da’ la güelta
hay dejo tuj pantaletaj
con el tufito podrío
me llevo el corazón mío
pa’ entregálo a otra trigueña
quedate llevando leña y que otro güela tus peítoj!

Cuentos breves de Pablo Amaya


Pablo Amaya, 1969. Poeta y escritor Yaracuyano residenciado en Guama. Ganador del IV concurso poesía y cuento de la “Librería Mediática” con mención destacada. Publicó en la revista digital letralia.com. Fue alumno del Poeta Español Jose Luis Muñoz Sáez, creador del sub genero de poesía llamado MUSA (de arte mayor o de arte menor) poesía tradicional con rima y medida.

El Dinosaurio

Ante el inclemente paso del tiempo, aquella verde y planísima llanura le sirvió de aposento y lo cobijo en su lecho, haciendo dulce y placentero su sueño con los elementos que la naturaleza le proporcionaba, tanto así que hasta hoy duerme profundamente, (camino mucho en aquella larga travesía buscando agua y alimento hasta caer rendido); el polvo arrastrado por el viento lo fue cubriendo lentamente hasta formar lo que hoy llamamos “montañas”, sin embargo a veces se mueve para estirarse o cambiar de posición, entonces ocurre lo que los humanos llaman temblor o terremoto de acuerdo a la magnitud del movimiento . No quiero imaginar lo que pasaría si despierta y decida levantarse a caminar; El Dinosaurio no se extinguió como piensan todos, solo duerme, allá esta, es aquella inmensa montaña, la ves.

El eterno

_Vengo por ti, llego tu hora simple mortal (dice la muerte)
_Mentirosa, quien dijo que tú, entidad inevitable participas a las personas cuando llega la hora de partir, no, tu llegas de sorpresa, no voy a ir contigo lo siento mucho, no es mi tiempo aun, además para que lo sepas, yo soy eterno.
Y la muerte se fue sola.

La vecina enferma

Esta vez sí creo que está enferma la vecina, no le han dado los ataques ni se ha desmayado, no grita como loca de dolor, pero está muy pálida y no para de hablar con su marido a pesar que el ya tiene cinco años de muerto.


El concurso

Cincuenta palabras para un cuento, no es mucho, pero que puedo hacer son reglas del concurso, que tema puedo abordar con estas limitantes: un cuento infantil, una fabula, una vivencia urbana, como recrear algo con escasas palabras sin deslucir la historia… ¡NO JODA! mejor no escribo un coño.
Desesperado

Bruscamente interrumpe su sueño, abre los ojos y con cierto recelo echa un vistazo a aquella desconocida habitación, no sabe como llego ni el ¿Por qué? esta allí, la intranquilidad se apodera de su ser, comienza a dar vueltas de un lado a otro en aquella inmensa cama que no es la suya, se percata que a un costado de la cama hay algunas hojas de papel varios lápices y colores, toma un lápiz con mucha torpeza( quizás tenia sueño aun) trata de escribir sobre el papel, tras algunos garabatos sin sentido suelta el lápiz y arremete contra el papel rayado, con desesperación y fuerza lo arruga lo lleva a su boca luego de humedecerla con sus labios lo rompe y arroja al suelo, continua algo desesperado, comienza a transpirar mucho, vuelve a coger el lápiz, trata de escribir pero no logra coordinar los movimientos de su mano, está muy nervioso, grita muy fuerte al mismo tiempo que arroja el lápiz al suelo, comienza a retorcerse y patear con furia la cama, da vueltas como loco, suda muchísimo más, ya cansado en medio de tanta desesperación comienza a llorar y a llorar, con un llanto muy fuerte como si un gran dolor lo hubiese invadido, rápidamente abren la puerta de la habitación, es una mujer, al verla se incrementa el llanto y el pataleo, ella se acerca lo toma en sus brazos, el se va calmando lentamente, ella seca el sudor de su rostro y cuello, tiene la nariz tupida, cuando intenta limpiarle comienza a llorar con intensidad nuevamente , hasta que madre al fin, lo acurruca y llena de mimos, descubre su pecho y procede a amamantarlo, luego le dice: _ya bebe ya, tranquilo no seas malcriado, mira lo que hiciste, le dañaste toda la tarea a Paola, ahora no va a querer ir para la escuela.


Aquella canción

Ella ya no oye aquella canción que le dedicara su enamorado, no quiere recordar aquel amor que tanto le juraba, nunca le creyó, por eso lo rechazo de todas las formas posibles.
El ya no oye aquella canción que dedicara a su enamorada, no quiere recordar aquel amor que tanto le juro, nunca le creyó, por eso lo rechazo de todas las formas posibles.
Ella y el (cada quien por su lado) sin querer algunas veces oyen aquella canción y extrañamente suspiran por lo que pudo ser un gran amor.

La vedette.

Ahí está ella, hermosa, en medio de todos, como joven debutante llena de nervios antes del baile, sola en medio de ese mar de piernas masculinas que aguardan el inicio para tratar de conquistarla, divertirla, demostrar sus dotes, ganarla para sí. Ella erguida disimula calma ya casi es hora, luce impecable sobre la verde alfombra que resalta su blanca y joven piel, tiene el peso ideal ni una libra mas ni una libra menos las medidas que todas envidian, sin desasosiego espera el momento de deslumbrar con sus caprichosos movimientos, danza que atrapa a miles que hace que ni un instante dejen de observarla, hora y media de éxtasis total, fascinación que concluirá con alegrías o tristezas compartidas o no, pero en fin, es el resultado de la pasión que ella despierta.
Ahí está ella, como la luna llena con su brillantez que inspira y enamora, aguardando por el juez principal que se acerca con su formal traje a pasos lentos conversando con los dos capitanes al centro del mágico alfombrado, para dar el pitazo inicial de este emocionante encuentro donde ella es la vedette principal del show, desde ya se imagina atravesando el arco triunfante, girando rápidamente con su mágica danza y la gente presente explotara de alegría y cesaran los canticos de guerra para gritar todos eufóricos a una sola voz el gol
.

Ensayo del Tiempo


Daniel Ramírez Meléndez. México 1973. Escritor de innumerables cuentos, ocho novelas, y ensayos de corte científico, además de más de doscientas canciones que permanecen inéditas.

Tiempo es un postulado de que las cosas persistirán ahí.

Es el desplazamiento de las partículas en el espacio; la demora de este desplazamiento es lo que da la idea de tiempo.

Tiempo es la verdad que nos creamos de la persistencia de las cosas considerando el movimiento de las partículas a través del espacio.

Es determinado por la sucesión de ciertos fenómenos cíclicos como el día y la noche.

Para poder determinar el momento del tiempo y su medida son necesarios puntos de referencia; los seres humanos miden el tiempo en base a los movimientos de los astros; el sol, la luna, los planetas y las estrellas, el movimiento cíclico que llevan a cabo es el que ha dado al ser humano el punto de referencia para medirlo a través de todas las épocas y lugares.

Según este concepto el tiempo en su mismo no existe pues es algo asimilado por el ser humano de acuerdo a su propio entorno, el desplazamiento de la tierra alrededor del sol dura trescientas sesenta y cinco veces una vuelta en su propio eje, de esas forma el ser humano ha creado los ciclos en los que mide su tiempo, día y año.

De esta forma llegamos a una conclusión, si es como lo he escrito no es posible viajar a través del tiempo por que este no es algo físico sino una asimilación a través del desplazamiento de los astros. El ser humano no podría hacer volar sus naves a través del espacio si no existiera espacio, tampoco se puede viajar en una carretera si no hay carretera. Pero el espacio existe, esta ahí y los astros se mueven ahí, no había caminos pero el ser humano los hizo. Pero el tiempo es algo distinto, es algo que el ser humano a creado para tener idea de la sucesión de las cosas, el tiempo no existe, no es algo palpable, es decir, es solo una consideración, por lo tanto no es posible viajar a través del tiempo como no sea leyendo libros de historia o viendo cine, y es que el movimiento de esas partículas fue registrado pero no se puede viajar a través de partículas desplazadas y no registradas, pues para que eso fuera posible todas las partículas y hechos universales que nos han dado la idea del paso del tiempo tendrían que retroceder, y como sabemos seria absurdo que sólo para ver que decían los escritos quemados en la Biblioteca de Alejandría pidiéramos que la tierra, las estrellas y todas las partículas que conforman el universo en el que vivimos retrocedieran para volver a repetir los hechos referidos.

Cuando tú besas mis senos




Poesía. Autor: Xiomara Rivas, Maracaibo. Este texto pertenece a su libro "Mujer de Poesía", premiado en el concuro anual "Udón Pérez", 1996.




Cuando tú besas mis senos

e instilas presuroso mi néctar

entonces hay un largo quejido

en mi vientre

mis fluidos recorren presurosos

mi dibujo interno

En ese momento

un bramido hondo

estremece el planeta

Una madre amamanta

a la tierra le siembran un embrión

el gozo repta mi vientre

se eleva el cáliz

de la embriaguez

Cuando tú besas mis senos.

Una entrevista con Harold Pinter

"AQUÍ ESTAMOS, ATRAPADOS EN EL SIGLO XXI":

La carrera de Harold Pinter incluye las vocaciones de actor, director, guionista y, sobre todo, dramaturgo. Pinter es una figura inmensa del teatro inglés contemporáneo, su más filoso representante, su innovador y vigía. La última obra de Pinter, Moonlight, se estrenó en México en 1994, en el teatro de la UNAM, traducida por Carlos Fuentes y dirigida por Ludwik Margules.

A finales de los años cincuenta, surgió Harold Pinter entre los dramaturgos de la nueva ola en Inglaterra. Desde sus primeras obras —La fiesta de cumpleaños y La habitación— se considero que Harold Pinter —también muy conocido por sus libretos para cine y televisión— había traído nueva vida al teatro londinense. Muy pocos artistas contemporáneos le han dado su nombre a un adjetivo: fellinesco, buñuelesco, picassiano. Pinteresco también. Desde 1960, cuando se estreno The Caretaker (El Guardián), Harold Pinter ha sido el centro del teatro británico, que es casi como decir del teatro mundial. Al llamado "teatro de la amenaza" (The Caretaker, 1960; The Birthday Party, 1965; así como el guión de la película de Joseph Losey, The Senant, 1963) siguieron las obras del teatro de la memoria (Landscape, 1968, y No Man's Lane, 1974, así como otro guión para Losey, The Go Between). Con el estreno de Homecoming en 1964, sin embargo, Pinter había reunido ya las claves de su teatro. El rechazo del sentimentalismo, la irrupción de lo cómico en las situaciones más serias. Ningún mensaje. Ningún desenlace. Y el lenguaje como verdadera acción de las piezas. La humanidad, parece indicarnos Pinter, existe no sólo en su lenguaje, pero no existe sin él. Y sin embargo la aparente "pobreza" del lenguaje de Pinter, sus famosos silencios entre frase y frase, indican, paradójicamente, la riqueza de la vida, su carácter sorpresivo, desconcertante, para lo cual el lenguaje tradicional no está preparado. La distancia, la falta de comunicación externas, revelan en Pinter una distancia y una falta de comunicación interna aun más trágicas. Pinter contesta que él sólo describe la vida con v chica. Esta entrevista tuvo lugar el año pasado en Londres, antes del estreno de Moonlight.
—La tradición del teatro inglés le ha dado la reputación de ser el mejor, ¿sigue siéndolo actualmente?
—Es una tradición muy fuerte, no hay duda. Tuvimos a William Shakespeare en el siglo XVI y desde entonces no ha habido nadie como él. Su influencia ha sido muy importante en el teatro y la literatura ingleses. Hemos tenido teatro en este país desde hace tanto tiempo; no estoy tan seguro de que sea el mejor, pero ciertamente sigue siendo una parte muy viva y activa. El único problema del momento es que al gobierno actual no le importa el teatro en lo absoluto y, por lo tanto, a los teatros se les dificulta mucho continuar existiendo, tienen que luchar contra la falta de dinero y la falta de apoyo del gobierno, y también contra cierta censura insidiosa.
—No hubiera imaginado la censura en el teatro inglés.
—No es de extrañar, esa es otra tradición de mi país.
—¿Ser muy estrictos en cuanto a la censura?
—Sí, tuvimos un censor oficial hasta entrados los años sesenta, del Palacio de Buckingham. No sabía nada sobre teatro, pero buscaba malas palabras y obscenidades... fue algo bastante estúpido. Ahora ya no existe, aunque hay otro tipo de censura que se maneja desde el gobierno. Pero regresando a su pregunta original, diría que sigue siendo una tradición teatral muy viva y orgullosa la que tenemos en Inglaterra.
—Desde que puso La traición, escrita en 1978, no ha vuelto a escribir obras de larga duración. Ahora usted escribe para el cine y para la televisión; son también piezas cortas, ¿qué lo hizo desviarse hacia esa dirección?
—En estos últimos diez años me he involucrado mucho en la política. Mi vida está dominada por preocupaciones políticas y ya no puedo escribir las mismas obras que solía escribir. En diez anos escribí, como usted dice, dos obras muy cortas: una de casi 35 minutos y la otra de 20 minutos. Son obras brutales, ambas manejan la tortura y la opresión...
—Una de ellas es El lenguaje de la montaña.
—Sí, que acaba de estrenarse...
—Creí que se había estrenado en 1988.
—Tiene razón, se estrenó en Londres en 1988, ahora la están poniendo en varios lugares del mundo. Siento que no puedo contar historias como antes lo hacía. Mi trabajo estaba lleno de juegos y bromas, pero ya no... ahora todo va más allá de la broma. Ya no puedo inventar relatos y divertirme como lo hacía, ya no me siento así, me siento mucho más desnudo. El mundo también lo está y lo que sucede está aún más desamparado.
—Quisiera que continuemos en la dirección de sus obras pasadas, preguntarle sobre la sensación de violencia, amenaza y falta de comunicación que hay en ellas. ¿Qué lo hace interesarse en esos temas?
—Yo crecí durante la guerra. Soy judío y era un niño en la Segunda Guerra mundial. Estaba consciente de la persecución alemana a los judíos en Europa. No se le olvide que los alemanes anduvieron muy cerca de Inglaterra, por poco la ocupan. Yo sabía todo sobre la llamada nocturna a la puerta, sobre la Gestapo. Es algo que todos deberíamos saber. De manera que crecí en ese tipo de atmósfera de aprensión y miedo a una invasión, y la conciencia de que les estaban sucediendo cosas terribles a mis hermanos del otro lado del Canal de la Mancha. No crecí en la paz, de hecho, crecí en la guerra, esa fue mi experiencia. Había mucha violencia alrededor de mí. Había bombas cayendo del cielo y yo estaba ahí. Tuvimos que evacuar mi casa en llamas.
—La falta de comunicación, ¿de dónde proviene?
—De la falta de comunicación. La dificultad para comunicarse es parte de nuestras vidas. Uno de los problemas a los que se ha enfrentado la sociedad, cualquier sociedad, es a la dificultad de que el punto de vista de uno sea preciso y claro para otro; y luego los constantes malentendidos, y también el miedo a mostrarnos tal como somos. Creo que hay mucho de eso en nuestras vidas.
—Me he dado cuenta de que sus personajes a veces, o casi siempre, hablan de temas diferentes pero dialogan como si fuera una misma conversación, ¿sucede eso en la vida real?
—Creo que sí, hay tantos laberintos en la vida real, ¿no lo cree?, tantos encubrimientos. Uno se encubre y pretende estar hablando de una cosa cuando realmente esta hablando de otra. Eso se ve mucho en la política: la gente miente casi todo el tiempo; lo que dice es muy persuasivo pero, básicamente, es una mentira.
—Otro de sus temas es la infidelidad, ¿cree usted que una pareja no puede convivir siendo fiel?
—Sí puede, pero hay mucha infidelidad alrededor de nosotros. Una de mis obras, La traición, se puso en China hace unos años. Se le pregunto a la interprete china si la obra tenía sentido —trataba sobre el adulterio en la clase media burguesa— y ella dijo: "Nosotros también somos humanos". El adulterio es parte de nuestras vidas, aunque creo que se puede vivir sin él, es decir, vivir felizmente.
—Junto a la elegancia intelectual de sus personajes hay siempre un elemento de vulgaridad. ¿Viene esto de su interés por el sistema de clases inglés?
—Crecí en una parte muy ruda de la ciudad de Londres, en el extremo este. Mi padre fue sastre y éramos muy pobres. Así crecí también durante la guerra, en un mundo rudo, fuerte e inflexible, en donde la gente no se fijaba en las palabras. Había mucha vulgaridad y violencia a mi alrededor. Creo que el sistema de clases ciertamente muestra que las clases altas o dominantes, digamos, son mucho mas astutas para esconder la violencia que de hecho existe en ellas. No usan por necesidad las mismas palabras que las clases bajas pero son igualmente violentas.
—Algunos de sus críticos han dicho que usted escribió sus mejores obras cuando era un joven enojado y estaba casado con una joven actriz, ¿qué les responde?
—No era un joven escritor enojado. Ahora sí estoy enojado, mucho más de lo que estaba entonces, se lo aseguro. El joven escribía y disfrutaba haciéndolo. Nací con una pluma en la mano. Disfruto mucho el acto de escribir.¿Qué les respondo? Creo que no saben de lo que hablan, creo que no tienen evidencias, es a su gusto, si prefieren lo que hice antes es asunto suyo, no mío. Siento, cuando escribo, que lo hago tan bien como nunca. Si uno está satisfecho con lo que escribe, entonces no se preocupa si a la gente no le gusta, pero a mucha gente no le gusta, y esto debe aceptarse.
—Creo que muchos de ellos están pasmados. Se les muestra cómo son y puede que no les guste.
—Es asunto de ellos, realmente. Mis obras les gustan a algunas personas y a otras no, y nadie tiene que enfrentarse a ese hecho...
—Eso es lo interesante en la vida, no siempre gustar.
—No siempre gusto.
—¿Cuáles son las características que hacen de un dramaturgo un autor para todos los tiempos y no solamente de una época?
—Es muy difícil decirlo. Creo que los grandes escritores como Shakespeare y Tolstoi dicen algo que es eternamente relevante en algún momento dado, aunque, es cierto, no están limitados a su tiempo, a un momento específico en la historia Yo hago, como usted sabe, muchas adaptaciones de novelas para la pantalla. Acabo de hacer una de El proceso de Kafka, un libro extraordinario que trata de un hombre juzgado sin saber nunca bajo qué cargos y que al final es ejecutado sin saber nada al respecto. Ese libro va mucho más allá de su tiempo. Fue escrito alrededor de 1913, 14 ó 15, pero ahora se aplica tan bien como entonces o como se hubiera podido aplicar cien años antes, porque trata la cuestión de qué demonios está pasando a nivel individual, donde estás en este planeta, qué está pasando, qué sentido tienen las cosas, qué haces de tu vida, y la pregunta esencial y eterna de por qué estamos aquí y que sentido tiene estar aquí, si nos vamos a ir para siempre.
—¿Cree que es cierto el cliché de que la vida es como el teatro?
—¿El telón que sube y que baja? Sí, creo que es bastante cierto, que las luces se encienden y luego se apagan. Pero mientras sucede la obra no tenemos otra alternativa que concentrarnos en sus hechos, en otras palabras, en los hechos y situaciones que vive la gente. Hablo en un sentido político. Tenemos responsabilidades políticas con nuestros semejantes, al igual que responsabilidades morales, que los gobiernos, muchos gobiernos, hacen a un lado. Por ejemplo, en Inglaterra hay millones de personas viviendo en un nivel de pobreza, millones de desempleados, cientos de miles sin hogar, pero son la sub-raza, una sub-clase de personas que el gobierno ignora. El gobierno hace mucho ruido y dice muchas cosas que al final no tienen sentido; habla del país y de su bienestar y riqueza; sí, aquellos que son ricos son muy ricos, y aquellos que no, no lo son. Como usted sabe, ésta es una situación propia del Tercer Mundo y de Centro y Sudamérica. De nuevo: esa es un área totalmente descuidada en nuestra conciencia que a mi me importa demasiado.
—¿Cree que por estar muy alejada de Europa no se pone la suficiente atención a lo que sucede en Latinoamérica?
—Los Estados Unidos dicen: "déjenos eso a nosotros, esta es nuestra orilla del mundo, este es nuestro patio trasero". Yo, sin embargo, soy muy activo, he estado muy relacionado con la situación en Nicaragua.
—Es presidente de el Fondo de las Artes para Nicaragua". ¿Qué finalidad tiene ese fondo?
—Sí, yo lo fundé, soy el presidente de un fondo con el nombre de "Las Artes por Nicaragua". Intentamos establecer relaciones con artistas nicaragüenses y hacer todo lo posible por ayudarlos a sobrevivir, e identificarnos con ellos. Lo que sucede entre Estados Unidos y Centroamérica es bastante atroz, es el escándalo más profundo que hay en el mundo. Un ejemplo de cómo el lenguaje está totalmente alrevesado es la descripción del presidente Reagan, sostenida en cierto sentido por el presidente Bush —porque nunca la negó ni contradijo—, de que Nicaragua era un calabozo totalitario mientras que Guatemala y El Salvador eran democracias. Los hechos son que no hay evidencia de que Nicaragua fuera, en ningún sentido, un calabozo. En Guatemala y El Salvador, cerca de 250 mil personas han sido asesinadas en los últimos 15 ó 20 años en nombre de la libertad. En otras palabras, Estados Unidos y los poderes dominantes de El Salvador y Guatemala siempre han hablado de proteger la democracia, la cristiandad, la libertad. Esta retórica, este lenguaje es tan hueco que no quiere decir nada, pero es aceptado por nuestros periódicos y nuestras televisoras. El lenguaje se degrada, su dignidad —que sólo debe preocuparse por la precisa reflexión de la verdad— es trastocada, distorsionada y convertida en una mentira fundamental y penetrante. Hasta que superemos esto, tendremos grandes problemas para establecer los términos bajo los cuales vivimos, y entender lo que esta sucediéndonos. Nuestra obligación moral puede escapársenos fácilmente si no entendemos los términos
que reflejan.
—Regresemos al teatro. ¿Qué países cree tienen un nivel similar el de Inglaterra?
—Francia debería, pero no estoy seguro que así sea. Después de todo, los franceses han tenido teatro por muchísimos años, al igual que Alemania o Italia, también con una fuerte tradición teatral, pero que se ha disipado ligeramente
—¿Y Estados Unidos?
—El problema con Estados Unidos es la idea de Broadway, la idea de lo colosal. Broadway es deprimente. No hay teatro serio. En 1967, créase o no, puse dos obras en la calle 45. Tengo una fotografía en la que aparece una obra de un lado de la calle y otra al frente de esa.
—¿Qué obras eran?
—La fiesta de cumpleaños en el Booth Theatre y Regreso a casa en el Musicbox.
—¿A qué dramaturgos admirar más en los Estados Unidos? ¿Con quién se identifica?
—Admiro a Arthur Miller y admiro a Tennesse Williams, los admiro mucho. De los jóvenes, creo que David Mamet es un buen escritor. Disfrutaba el trabajo de Edward Albee, pero no sé qué ha estado haciendo recientemente. (Riendo). No sé qué he estado haciendo yo recientemente...
—Yo hubiera comparado a Albee con el tipo de teatro que usted hace.
—Sí, teníamos algo en común hace mucho tiempo.
—¿Cuándo empezó usted a actuar? ¿Antes de escribir?
—Sí. Cuando tenía 19 anos era poeta, escribía poesía todo el tiempo. Escribí obras hasta los 27, creo, así que empecé a actuar a los 19, era un actor profesional, aún lo soy, aún actúo de vez en cuando.
—¿En la televisión o en el escenario?
—Hace unos años actué en una obra mía en Los Angeles, Viejos tiempos. Hice un pequeño tour de St. Louis a Los Angeles.
—¿Se siente igual de cómodo cuando escribe que cuando actúa?
—No soy un mal actor pero el trabajo actoral es difícil. Me siento mejor escribiendo.
—Quiero tocar un tema que sé que a usted le apasiona, el caso de Salman Rushdie. ¿Cómo se han desarrollado las cosas?
—No puede vivir una vida normal. Yo estoy en contacto con él, es un gran amigo mío, y es un hombre fuerte, simpático y digno...
—¿Cómo se siente Rushdie en esta pesadilla?
—Se siente solo. El disfruta la conversación, la gente y las discusiones, es una persona muy vital e inteligente, pero ahora no puede hacer nada de eso. A estas alturas de la situación, está bajo la protección de la policía, como usted sabe, y eso va a continuar por un tiempo considerable.
—Es buen tema para una obra, ¿o no?
—Él está escribiendo algo... Es un hombre maravilloso, lo apoyo totalmente. Tiene el apoyo de miles y miles de escritores en el mundo. Hicimos una petición que firmaron esos miles de escritores. Muy seguido me pregunto si los iraníes, los musulmanes, nos matarían a todos. Quizá lo harían si nos cruzáramos en su camino, si los ofendiéramos; es totalmente repugnante y salvaje. La ironía de toda esta situación es que su libro Los versos satánicos es un libro maravilloso, rico y afectuoso, no ofensivo. Puede que para los musulmanes sea técnicamente ofensivo en ciertos aspectos, pero creer esto es ridículo, el libro está lleno de alegrías y de interés. Lo demás es manipulación política.
—Y ahora dígame, ¿por qué a los ingleses les gusta tanto el cricket?
—Es un juego muy inglés. Yo crecí en Inglaterra y jugué cricket desde niño. Significa mucho para mí, es un juego bellísimo.
—A mí me encanta, creo que ya se lo había dicho antes. Es como un ballet, un espectáculo masculino de gran belleza. Con chicos guapísimos vestidos de blanco, impecables, que se mueven con desgano. Yo no lo entiendo, me conformo con ver.
—La pelota es muy dura, uno se puede golpear... yo todavía tengo una cicatriz de mi último juego de cricket hace unos meses...
—¿Es buen jugador?
—No, soy malo.
—¿Le hubiera gustado ser un dramaturgo del siglo XVI, como Shakespeare, o es feliz siendo parte del siglo XX?
—No puedo concebir la idea de vivir en el siglo XVI. Aquí estamos, atrapados en el siglo XX, acercándonos al siglo XXI, pero sí extraño a esa gente. Yo actué mucho a Shakespeare y luego dirigí una obra de James Joyce. He hecho algo de dirección últimamente. Trabajé algo de Kafka, y también hice una adaptación, hace unos años, de En busca del tiempo perdido. Me hubiera gustado tomarme un trago con Shakespeare, Proust, Kafka y Joyce.
Traducción de Julio Trujillo / febrero de 1994

SEXO Y PODER EN DAVID MAMET
Estreno de Oleanna, un duelo interpretativo de Elvira Heras y Gerardo Geanciti, dirigido por Alberto Delgado. Oleanna, una de las piezas más controvertidas de David Mamet, se estrena el 15 de abril en la sala Lagrada de Madrid. Sirviéndose de un conflicto de acoso sexual, el autor plantea una lucha de poder que pondrá de manifiesto asuntos como el valor de la educación en nuestros días y la subversión del lenguaje. Un duelo interpretativo a cargo de Elvira Heras y Gerardo Geanciti, que ha dirigido Alberto Delgado.

Muchos consideran a David Mamet heredero directo de Harold Pinter, autor que él señala como su primera y principal influencia y con el que comparte el ser también un dramaturgo que escribe y dirige cine. Para Mamet, Pinter supuso su primer encuentro con el drama moderno, ya que su obra “me parecía real como ninguna otra me lo había parecido antes”. Y eso mismo es la impresión que causan las obras de Mamet: tienen un aire muy moderno, resultan muy cercanas porque están inspiradas en la realidad de su país, aunque realmente son fábulas que tratan temas universales y que principalmente profundizan en el veleidoso espíritu humano. A Mamet no le interesa reproducir la realidad, sino al contrario, que ésta imite el arte como propugnaba Oscar Wilde: “El lenguaje de mis obras no es realista, sino poético. Es un lenguaje escrito para la escena. Habitualmente, la gente no habla como lo hacen mis personajes. Lo que muestran mis obras es mi interpretación de cómo habla la gente; es una ilusión. Es como cuando Gertrude Stein dijo a Picasso: ‘Este retrato no se parece a mi’. Era también una ilusión, una visión. Y en este sentido mis obras no reflejan lo que está pasando en la calle. Son algo diferente”.
Una de sus tragedias preferidas Oleanna, sin embargo, fue una de sus tragedias más controvertidas por el eco social que alcanzó. También es uno de los textos de los que él se siente más orgulloso, (junto con El criptograma, American Buffalo y The Woods). Sirviéndose de un supuesto conflicto de acoso sexual, el autor plantea la lucha de intereses que enfrenta a dos personajes y que le sirve para deslizar otros temas: qué valor damos a la educación, cómo el lenguaje puede ponerse insospechadamente del lado de la mentira y cómo se instrumentalizan los hechos en aras de esa ética de “lo políticamente correcto”.

La obra se estrenó en 1992, coincidiendo con una causa que tenía lugar en los tribunales: la denuncia contra el juez Clarence Thomas, candidato al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, por acoso sexual a una profesora universitaria. Y como cabe esperar, el texto no gustó al lobby feminista norteamericano, que acusó al autor de misógino y machista. Y aunque Mamet sostuvo que él había comenzado a escribir Oleanna meses antes del caso, tuvo que responder a estas críticas: “Como autor dramático no tengo ninguna responsabilidad política. Soy un artista, escribo obras, no propaganda política. Si buscan soluciones fáciles, enciendan la caja tonta... Estamos viviendo una época de transición, en la que cada uno de nosotros nos sentimos desplazados...Yo no tengo respuestas”.
Hay pues que aplaudir que ahora una compañía se anime a estrenar en Madrid a un autor que huye de las verdades absolutas. La pasada temporada ya hubo ocasión de ver Matrimonio de Boston, protagonizado por Kiti Manver y Blanca Portillo; esta última actriz es gran admiradora del autor, protagonizó el primer estreno de Oleanna (1992) en nuestro país, en el María Guerrero, acompañada por Santiago Ramos y dirigida por José Pascual. Con anterioridad, el Centro Dramático Nacional puso en escena Edmond (1990), dirigida por María Ruíz, y Cuatro piezas cortas (1991), por José Pedro Carrión.
Efectos de una mala educación. Esta producción es fruto del empeño de la actriz Elvira Heras, que la protagoniza junto con Gerardo Geacinti. La actriz la vio en Londres (donde también se estrena el 15 de abril, en el Garrick Theatre, con Julia Stiles y Aaron Eckhart) y poco después se puso de acuerdo con Alberto Delgado para que la dirigiera. “Ambos pensamos en una producción dirigida especialmente a centros de enseñanza porque trata del significado de la educación y de sus consecuencias cuando ésta se organiza pobremente, además de tocar otros asuntos que encontramos muy actuales”, explica el director. Para él, la obra gira en torno a dos temas: el poder y el sexo. Los dos personajes pertenecen a dos mundos relacionados jerárquicamente. “Ella, Carol, es una alumna que necesita aprobar como meta para ganar un posición en el mundo y salir del pobre ambiente social en el que vive. No le interesa el estudio para ampliar sus conocimientos. Por su parte, John es un profesor bien situado económica y profesionalmente, tiene una idea más idealista de la educación y aparentemente busca mejorar la formación de su alumna”. Sin embargo, esta relación, en la que John disfruta de una posición dominante, cambiará totalmente en los dos siguientes actos: Carol, apoyada por una organización social, acusa a John de acoso sexual, e incluso violación, y éste acabará perdiendo su trabajo, su reputación, su familia. Como Mamet ha señalado, “es un drama sobre dos personas que quieren algo distinto. Si no fuera así, el público se iría a la cama. Poder sería otra forma de llamarlo”.

Liz PERALES “Escribir teatro es escribir diálogos”
David Mamet (Chicago,1949) comenzó a escribir entrado ya en la veintena. Estudió con Sanford Meisner, con quien se forjó en el método Stanislavski. Luego desempeñó varios oficios (conductor de camiones, vendedor por teléfono) hasta que fundó en 1974 la compañía Saint Nicholas Player. “No podíamos pagar derechos de autor y tuve suerte porque escribir era para mí como una habilidad más, como hacer bricolage; necesitas hacerte una casa y no puedes pagar un albañil, entonces aprendes cómo se hace. Así que si necesitas una obra teatral, te espabilas y aprendes a escribirla”. Su primer estreno en NY fue en 1975 con Duck Variations y Perversidades Sexuales en Chicago, pero la pieza que le dio fama fue American Buffalo. Después vinieron Glengarry Glen Ross, Speed the Plow, Edmond, hasta más de 25 obras, además de ensayos y novelas. Algunas de sus obras las ha llevado al cine, como Oleanna o Glengarry pues es también un acreditado guionista y director (El cartero siempre llama dos veces, Houses of Games, Hannibal o la más reciente Spartan). Mamet cree que “en esto de escribir teatro lo que acabas haciendo es escribir diálogos”, “que la pregunta fundamental que hay que hacerse en el teatro es: ¿Qué desea el protagonista? No es ni el tema, ni las ideas, ni la ambientación, sino aquello que desea el protagonista” y que “un personaje es acción como ha dicho Aristóteles: exactamente aquello que hace, no lo que piensa ni lo que dice. Es lo que intenta realizar físicamente en escena. Precisamente lo que entendemos de la forma de ser de una persona: no por lo que dice, sino por lo que hace”.

Mi Pequeño Gimnasio



Poesía. Autor: Rafael Cádenas. Barquismeto, 1930. Prolífico escritor, poeta y ensayista. Cultivador de un lenguaje indirecto, irónico, ausente, angustiado ante los problemas. Ese es el rabel que todos necesitamos, aquel que “pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, pero su raza era de distinto linaje”.


Consta de una almohadilla que golpeo con acompañamiento musical.

Un saco de arena donde descargo todo el peso de la calle.

Una esterilla para hacer contorciones que producen olvido.

Un hueco en triángulo donde me oculto para no ver.

Una cuerda donde me castigo por toda la prudencia del día.

Un artefacto en forma de O en el que me doblo para evitar los reclamos de mi conciencia.

Una barra horizontal sobre la cual me río de mis intenciones.

Una tabla donde doy golpes innecesarios que podrían estar mejor dirigidos.

Un pequeño extensor de cretino que me estira por todos los frutos que no tomé, los actos que no hice, las palabras que no me atreví a decir.

Una soga donde extorsiono mi brazo derecho por todas mis indecisiones, olvidos, cambios.

El resto lo compone el ajuar ordinario de todo deportista. Los ejercicios son efectuados en la oscuridad. Por vergüenza no admito espectadores. (El descontento sordo, por otra parte, ahogaría al que osara entrar).

Soy de todas maneras un aprendiz. No he podido alcanzar mis rodillas con la frente, todavía me es imposible arquearme hasta tocar el suelo, tampoco logro pararme sobre las manos.

Algunas veces el exceso de pesadez me vuelve ridículo. (Me recuerdo en lamentables posiciones y siento dolor) A pesar de mis esfuerzos sigo siendo carnívoro, rudo, indisciplinado.
En el fondo los ejercicios están enderezados a hacer de mí un hombre racional, que viva con precisión y burle los laberintos. En clave, persiguen mi transformación en hombre número tal. Llanamente y en mi intimidad, espero con ellos dejar de ser absurdo
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