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Una entrevista con Harold Pinter

"AQUÍ ESTAMOS, ATRAPADOS EN EL SIGLO XXI":

La carrera de Harold Pinter incluye las vocaciones de actor, director, guionista y, sobre todo, dramaturgo. Pinter es una figura inmensa del teatro inglés contemporáneo, su más filoso representante, su innovador y vigía. La última obra de Pinter, Moonlight, se estrenó en México en 1994, en el teatro de la UNAM, traducida por Carlos Fuentes y dirigida por Ludwik Margules.

A finales de los años cincuenta, surgió Harold Pinter entre los dramaturgos de la nueva ola en Inglaterra. Desde sus primeras obras —La fiesta de cumpleaños y La habitación— se considero que Harold Pinter —también muy conocido por sus libretos para cine y televisión— había traído nueva vida al teatro londinense. Muy pocos artistas contemporáneos le han dado su nombre a un adjetivo: fellinesco, buñuelesco, picassiano. Pinteresco también. Desde 1960, cuando se estreno The Caretaker (El Guardián), Harold Pinter ha sido el centro del teatro británico, que es casi como decir del teatro mundial. Al llamado "teatro de la amenaza" (The Caretaker, 1960; The Birthday Party, 1965; así como el guión de la película de Joseph Losey, The Senant, 1963) siguieron las obras del teatro de la memoria (Landscape, 1968, y No Man's Lane, 1974, así como otro guión para Losey, The Go Between). Con el estreno de Homecoming en 1964, sin embargo, Pinter había reunido ya las claves de su teatro. El rechazo del sentimentalismo, la irrupción de lo cómico en las situaciones más serias. Ningún mensaje. Ningún desenlace. Y el lenguaje como verdadera acción de las piezas. La humanidad, parece indicarnos Pinter, existe no sólo en su lenguaje, pero no existe sin él. Y sin embargo la aparente "pobreza" del lenguaje de Pinter, sus famosos silencios entre frase y frase, indican, paradójicamente, la riqueza de la vida, su carácter sorpresivo, desconcertante, para lo cual el lenguaje tradicional no está preparado. La distancia, la falta de comunicación externas, revelan en Pinter una distancia y una falta de comunicación interna aun más trágicas. Pinter contesta que él sólo describe la vida con v chica. Esta entrevista tuvo lugar el año pasado en Londres, antes del estreno de Moonlight.
—La tradición del teatro inglés le ha dado la reputación de ser el mejor, ¿sigue siéndolo actualmente?
—Es una tradición muy fuerte, no hay duda. Tuvimos a William Shakespeare en el siglo XVI y desde entonces no ha habido nadie como él. Su influencia ha sido muy importante en el teatro y la literatura ingleses. Hemos tenido teatro en este país desde hace tanto tiempo; no estoy tan seguro de que sea el mejor, pero ciertamente sigue siendo una parte muy viva y activa. El único problema del momento es que al gobierno actual no le importa el teatro en lo absoluto y, por lo tanto, a los teatros se les dificulta mucho continuar existiendo, tienen que luchar contra la falta de dinero y la falta de apoyo del gobierno, y también contra cierta censura insidiosa.
—No hubiera imaginado la censura en el teatro inglés.
—No es de extrañar, esa es otra tradición de mi país.
—¿Ser muy estrictos en cuanto a la censura?
—Sí, tuvimos un censor oficial hasta entrados los años sesenta, del Palacio de Buckingham. No sabía nada sobre teatro, pero buscaba malas palabras y obscenidades... fue algo bastante estúpido. Ahora ya no existe, aunque hay otro tipo de censura que se maneja desde el gobierno. Pero regresando a su pregunta original, diría que sigue siendo una tradición teatral muy viva y orgullosa la que tenemos en Inglaterra.
—Desde que puso La traición, escrita en 1978, no ha vuelto a escribir obras de larga duración. Ahora usted escribe para el cine y para la televisión; son también piezas cortas, ¿qué lo hizo desviarse hacia esa dirección?
—En estos últimos diez años me he involucrado mucho en la política. Mi vida está dominada por preocupaciones políticas y ya no puedo escribir las mismas obras que solía escribir. En diez anos escribí, como usted dice, dos obras muy cortas: una de casi 35 minutos y la otra de 20 minutos. Son obras brutales, ambas manejan la tortura y la opresión...
—Una de ellas es El lenguaje de la montaña.
—Sí, que acaba de estrenarse...
—Creí que se había estrenado en 1988.
—Tiene razón, se estrenó en Londres en 1988, ahora la están poniendo en varios lugares del mundo. Siento que no puedo contar historias como antes lo hacía. Mi trabajo estaba lleno de juegos y bromas, pero ya no... ahora todo va más allá de la broma. Ya no puedo inventar relatos y divertirme como lo hacía, ya no me siento así, me siento mucho más desnudo. El mundo también lo está y lo que sucede está aún más desamparado.
—Quisiera que continuemos en la dirección de sus obras pasadas, preguntarle sobre la sensación de violencia, amenaza y falta de comunicación que hay en ellas. ¿Qué lo hace interesarse en esos temas?
—Yo crecí durante la guerra. Soy judío y era un niño en la Segunda Guerra mundial. Estaba consciente de la persecución alemana a los judíos en Europa. No se le olvide que los alemanes anduvieron muy cerca de Inglaterra, por poco la ocupan. Yo sabía todo sobre la llamada nocturna a la puerta, sobre la Gestapo. Es algo que todos deberíamos saber. De manera que crecí en ese tipo de atmósfera de aprensión y miedo a una invasión, y la conciencia de que les estaban sucediendo cosas terribles a mis hermanos del otro lado del Canal de la Mancha. No crecí en la paz, de hecho, crecí en la guerra, esa fue mi experiencia. Había mucha violencia alrededor de mí. Había bombas cayendo del cielo y yo estaba ahí. Tuvimos que evacuar mi casa en llamas.
—La falta de comunicación, ¿de dónde proviene?
—De la falta de comunicación. La dificultad para comunicarse es parte de nuestras vidas. Uno de los problemas a los que se ha enfrentado la sociedad, cualquier sociedad, es a la dificultad de que el punto de vista de uno sea preciso y claro para otro; y luego los constantes malentendidos, y también el miedo a mostrarnos tal como somos. Creo que hay mucho de eso en nuestras vidas.
—Me he dado cuenta de que sus personajes a veces, o casi siempre, hablan de temas diferentes pero dialogan como si fuera una misma conversación, ¿sucede eso en la vida real?
—Creo que sí, hay tantos laberintos en la vida real, ¿no lo cree?, tantos encubrimientos. Uno se encubre y pretende estar hablando de una cosa cuando realmente esta hablando de otra. Eso se ve mucho en la política: la gente miente casi todo el tiempo; lo que dice es muy persuasivo pero, básicamente, es una mentira.
—Otro de sus temas es la infidelidad, ¿cree usted que una pareja no puede convivir siendo fiel?
—Sí puede, pero hay mucha infidelidad alrededor de nosotros. Una de mis obras, La traición, se puso en China hace unos años. Se le pregunto a la interprete china si la obra tenía sentido —trataba sobre el adulterio en la clase media burguesa— y ella dijo: "Nosotros también somos humanos". El adulterio es parte de nuestras vidas, aunque creo que se puede vivir sin él, es decir, vivir felizmente.
—Junto a la elegancia intelectual de sus personajes hay siempre un elemento de vulgaridad. ¿Viene esto de su interés por el sistema de clases inglés?
—Crecí en una parte muy ruda de la ciudad de Londres, en el extremo este. Mi padre fue sastre y éramos muy pobres. Así crecí también durante la guerra, en un mundo rudo, fuerte e inflexible, en donde la gente no se fijaba en las palabras. Había mucha vulgaridad y violencia a mi alrededor. Creo que el sistema de clases ciertamente muestra que las clases altas o dominantes, digamos, son mucho mas astutas para esconder la violencia que de hecho existe en ellas. No usan por necesidad las mismas palabras que las clases bajas pero son igualmente violentas.
—Algunos de sus críticos han dicho que usted escribió sus mejores obras cuando era un joven enojado y estaba casado con una joven actriz, ¿qué les responde?
—No era un joven escritor enojado. Ahora sí estoy enojado, mucho más de lo que estaba entonces, se lo aseguro. El joven escribía y disfrutaba haciéndolo. Nací con una pluma en la mano. Disfruto mucho el acto de escribir.¿Qué les respondo? Creo que no saben de lo que hablan, creo que no tienen evidencias, es a su gusto, si prefieren lo que hice antes es asunto suyo, no mío. Siento, cuando escribo, que lo hago tan bien como nunca. Si uno está satisfecho con lo que escribe, entonces no se preocupa si a la gente no le gusta, pero a mucha gente no le gusta, y esto debe aceptarse.
—Creo que muchos de ellos están pasmados. Se les muestra cómo son y puede que no les guste.
—Es asunto de ellos, realmente. Mis obras les gustan a algunas personas y a otras no, y nadie tiene que enfrentarse a ese hecho...
—Eso es lo interesante en la vida, no siempre gustar.
—No siempre gusto.
—¿Cuáles son las características que hacen de un dramaturgo un autor para todos los tiempos y no solamente de una época?
—Es muy difícil decirlo. Creo que los grandes escritores como Shakespeare y Tolstoi dicen algo que es eternamente relevante en algún momento dado, aunque, es cierto, no están limitados a su tiempo, a un momento específico en la historia Yo hago, como usted sabe, muchas adaptaciones de novelas para la pantalla. Acabo de hacer una de El proceso de Kafka, un libro extraordinario que trata de un hombre juzgado sin saber nunca bajo qué cargos y que al final es ejecutado sin saber nada al respecto. Ese libro va mucho más allá de su tiempo. Fue escrito alrededor de 1913, 14 ó 15, pero ahora se aplica tan bien como entonces o como se hubiera podido aplicar cien años antes, porque trata la cuestión de qué demonios está pasando a nivel individual, donde estás en este planeta, qué está pasando, qué sentido tienen las cosas, qué haces de tu vida, y la pregunta esencial y eterna de por qué estamos aquí y que sentido tiene estar aquí, si nos vamos a ir para siempre.
—¿Cree que es cierto el cliché de que la vida es como el teatro?
—¿El telón que sube y que baja? Sí, creo que es bastante cierto, que las luces se encienden y luego se apagan. Pero mientras sucede la obra no tenemos otra alternativa que concentrarnos en sus hechos, en otras palabras, en los hechos y situaciones que vive la gente. Hablo en un sentido político. Tenemos responsabilidades políticas con nuestros semejantes, al igual que responsabilidades morales, que los gobiernos, muchos gobiernos, hacen a un lado. Por ejemplo, en Inglaterra hay millones de personas viviendo en un nivel de pobreza, millones de desempleados, cientos de miles sin hogar, pero son la sub-raza, una sub-clase de personas que el gobierno ignora. El gobierno hace mucho ruido y dice muchas cosas que al final no tienen sentido; habla del país y de su bienestar y riqueza; sí, aquellos que son ricos son muy ricos, y aquellos que no, no lo son. Como usted sabe, ésta es una situación propia del Tercer Mundo y de Centro y Sudamérica. De nuevo: esa es un área totalmente descuidada en nuestra conciencia que a mi me importa demasiado.
—¿Cree que por estar muy alejada de Europa no se pone la suficiente atención a lo que sucede en Latinoamérica?
—Los Estados Unidos dicen: "déjenos eso a nosotros, esta es nuestra orilla del mundo, este es nuestro patio trasero". Yo, sin embargo, soy muy activo, he estado muy relacionado con la situación en Nicaragua.
—Es presidente de el Fondo de las Artes para Nicaragua". ¿Qué finalidad tiene ese fondo?
—Sí, yo lo fundé, soy el presidente de un fondo con el nombre de "Las Artes por Nicaragua". Intentamos establecer relaciones con artistas nicaragüenses y hacer todo lo posible por ayudarlos a sobrevivir, e identificarnos con ellos. Lo que sucede entre Estados Unidos y Centroamérica es bastante atroz, es el escándalo más profundo que hay en el mundo. Un ejemplo de cómo el lenguaje está totalmente alrevesado es la descripción del presidente Reagan, sostenida en cierto sentido por el presidente Bush —porque nunca la negó ni contradijo—, de que Nicaragua era un calabozo totalitario mientras que Guatemala y El Salvador eran democracias. Los hechos son que no hay evidencia de que Nicaragua fuera, en ningún sentido, un calabozo. En Guatemala y El Salvador, cerca de 250 mil personas han sido asesinadas en los últimos 15 ó 20 años en nombre de la libertad. En otras palabras, Estados Unidos y los poderes dominantes de El Salvador y Guatemala siempre han hablado de proteger la democracia, la cristiandad, la libertad. Esta retórica, este lenguaje es tan hueco que no quiere decir nada, pero es aceptado por nuestros periódicos y nuestras televisoras. El lenguaje se degrada, su dignidad —que sólo debe preocuparse por la precisa reflexión de la verdad— es trastocada, distorsionada y convertida en una mentira fundamental y penetrante. Hasta que superemos esto, tendremos grandes problemas para establecer los términos bajo los cuales vivimos, y entender lo que esta sucediéndonos. Nuestra obligación moral puede escapársenos fácilmente si no entendemos los términos
que reflejan.
—Regresemos al teatro. ¿Qué países cree tienen un nivel similar el de Inglaterra?
—Francia debería, pero no estoy seguro que así sea. Después de todo, los franceses han tenido teatro por muchísimos años, al igual que Alemania o Italia, también con una fuerte tradición teatral, pero que se ha disipado ligeramente
—¿Y Estados Unidos?
—El problema con Estados Unidos es la idea de Broadway, la idea de lo colosal. Broadway es deprimente. No hay teatro serio. En 1967, créase o no, puse dos obras en la calle 45. Tengo una fotografía en la que aparece una obra de un lado de la calle y otra al frente de esa.
—¿Qué obras eran?
—La fiesta de cumpleaños en el Booth Theatre y Regreso a casa en el Musicbox.
—¿A qué dramaturgos admirar más en los Estados Unidos? ¿Con quién se identifica?
—Admiro a Arthur Miller y admiro a Tennesse Williams, los admiro mucho. De los jóvenes, creo que David Mamet es un buen escritor. Disfrutaba el trabajo de Edward Albee, pero no sé qué ha estado haciendo recientemente. (Riendo). No sé qué he estado haciendo yo recientemente...
—Yo hubiera comparado a Albee con el tipo de teatro que usted hace.
—Sí, teníamos algo en común hace mucho tiempo.
—¿Cuándo empezó usted a actuar? ¿Antes de escribir?
—Sí. Cuando tenía 19 anos era poeta, escribía poesía todo el tiempo. Escribí obras hasta los 27, creo, así que empecé a actuar a los 19, era un actor profesional, aún lo soy, aún actúo de vez en cuando.
—¿En la televisión o en el escenario?
—Hace unos años actué en una obra mía en Los Angeles, Viejos tiempos. Hice un pequeño tour de St. Louis a Los Angeles.
—¿Se siente igual de cómodo cuando escribe que cuando actúa?
—No soy un mal actor pero el trabajo actoral es difícil. Me siento mejor escribiendo.
—Quiero tocar un tema que sé que a usted le apasiona, el caso de Salman Rushdie. ¿Cómo se han desarrollado las cosas?
—No puede vivir una vida normal. Yo estoy en contacto con él, es un gran amigo mío, y es un hombre fuerte, simpático y digno...
—¿Cómo se siente Rushdie en esta pesadilla?
—Se siente solo. El disfruta la conversación, la gente y las discusiones, es una persona muy vital e inteligente, pero ahora no puede hacer nada de eso. A estas alturas de la situación, está bajo la protección de la policía, como usted sabe, y eso va a continuar por un tiempo considerable.
—Es buen tema para una obra, ¿o no?
—Él está escribiendo algo... Es un hombre maravilloso, lo apoyo totalmente. Tiene el apoyo de miles y miles de escritores en el mundo. Hicimos una petición que firmaron esos miles de escritores. Muy seguido me pregunto si los iraníes, los musulmanes, nos matarían a todos. Quizá lo harían si nos cruzáramos en su camino, si los ofendiéramos; es totalmente repugnante y salvaje. La ironía de toda esta situación es que su libro Los versos satánicos es un libro maravilloso, rico y afectuoso, no ofensivo. Puede que para los musulmanes sea técnicamente ofensivo en ciertos aspectos, pero creer esto es ridículo, el libro está lleno de alegrías y de interés. Lo demás es manipulación política.
—Y ahora dígame, ¿por qué a los ingleses les gusta tanto el cricket?
—Es un juego muy inglés. Yo crecí en Inglaterra y jugué cricket desde niño. Significa mucho para mí, es un juego bellísimo.
—A mí me encanta, creo que ya se lo había dicho antes. Es como un ballet, un espectáculo masculino de gran belleza. Con chicos guapísimos vestidos de blanco, impecables, que se mueven con desgano. Yo no lo entiendo, me conformo con ver.
—La pelota es muy dura, uno se puede golpear... yo todavía tengo una cicatriz de mi último juego de cricket hace unos meses...
—¿Es buen jugador?
—No, soy malo.
—¿Le hubiera gustado ser un dramaturgo del siglo XVI, como Shakespeare, o es feliz siendo parte del siglo XX?
—No puedo concebir la idea de vivir en el siglo XVI. Aquí estamos, atrapados en el siglo XX, acercándonos al siglo XXI, pero sí extraño a esa gente. Yo actué mucho a Shakespeare y luego dirigí una obra de James Joyce. He hecho algo de dirección últimamente. Trabajé algo de Kafka, y también hice una adaptación, hace unos años, de En busca del tiempo perdido. Me hubiera gustado tomarme un trago con Shakespeare, Proust, Kafka y Joyce.
Traducción de Julio Trujillo / febrero de 1994

SEXO Y PODER EN DAVID MAMET
Estreno de Oleanna, un duelo interpretativo de Elvira Heras y Gerardo Geanciti, dirigido por Alberto Delgado. Oleanna, una de las piezas más controvertidas de David Mamet, se estrena el 15 de abril en la sala Lagrada de Madrid. Sirviéndose de un conflicto de acoso sexual, el autor plantea una lucha de poder que pondrá de manifiesto asuntos como el valor de la educación en nuestros días y la subversión del lenguaje. Un duelo interpretativo a cargo de Elvira Heras y Gerardo Geanciti, que ha dirigido Alberto Delgado.

Muchos consideran a David Mamet heredero directo de Harold Pinter, autor que él señala como su primera y principal influencia y con el que comparte el ser también un dramaturgo que escribe y dirige cine. Para Mamet, Pinter supuso su primer encuentro con el drama moderno, ya que su obra “me parecía real como ninguna otra me lo había parecido antes”. Y eso mismo es la impresión que causan las obras de Mamet: tienen un aire muy moderno, resultan muy cercanas porque están inspiradas en la realidad de su país, aunque realmente son fábulas que tratan temas universales y que principalmente profundizan en el veleidoso espíritu humano. A Mamet no le interesa reproducir la realidad, sino al contrario, que ésta imite el arte como propugnaba Oscar Wilde: “El lenguaje de mis obras no es realista, sino poético. Es un lenguaje escrito para la escena. Habitualmente, la gente no habla como lo hacen mis personajes. Lo que muestran mis obras es mi interpretación de cómo habla la gente; es una ilusión. Es como cuando Gertrude Stein dijo a Picasso: ‘Este retrato no se parece a mi’. Era también una ilusión, una visión. Y en este sentido mis obras no reflejan lo que está pasando en la calle. Son algo diferente”.
Una de sus tragedias preferidas Oleanna, sin embargo, fue una de sus tragedias más controvertidas por el eco social que alcanzó. También es uno de los textos de los que él se siente más orgulloso, (junto con El criptograma, American Buffalo y The Woods). Sirviéndose de un supuesto conflicto de acoso sexual, el autor plantea la lucha de intereses que enfrenta a dos personajes y que le sirve para deslizar otros temas: qué valor damos a la educación, cómo el lenguaje puede ponerse insospechadamente del lado de la mentira y cómo se instrumentalizan los hechos en aras de esa ética de “lo políticamente correcto”.

La obra se estrenó en 1992, coincidiendo con una causa que tenía lugar en los tribunales: la denuncia contra el juez Clarence Thomas, candidato al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, por acoso sexual a una profesora universitaria. Y como cabe esperar, el texto no gustó al lobby feminista norteamericano, que acusó al autor de misógino y machista. Y aunque Mamet sostuvo que él había comenzado a escribir Oleanna meses antes del caso, tuvo que responder a estas críticas: “Como autor dramático no tengo ninguna responsabilidad política. Soy un artista, escribo obras, no propaganda política. Si buscan soluciones fáciles, enciendan la caja tonta... Estamos viviendo una época de transición, en la que cada uno de nosotros nos sentimos desplazados...Yo no tengo respuestas”.
Hay pues que aplaudir que ahora una compañía se anime a estrenar en Madrid a un autor que huye de las verdades absolutas. La pasada temporada ya hubo ocasión de ver Matrimonio de Boston, protagonizado por Kiti Manver y Blanca Portillo; esta última actriz es gran admiradora del autor, protagonizó el primer estreno de Oleanna (1992) en nuestro país, en el María Guerrero, acompañada por Santiago Ramos y dirigida por José Pascual. Con anterioridad, el Centro Dramático Nacional puso en escena Edmond (1990), dirigida por María Ruíz, y Cuatro piezas cortas (1991), por José Pedro Carrión.
Efectos de una mala educación. Esta producción es fruto del empeño de la actriz Elvira Heras, que la protagoniza junto con Gerardo Geacinti. La actriz la vio en Londres (donde también se estrena el 15 de abril, en el Garrick Theatre, con Julia Stiles y Aaron Eckhart) y poco después se puso de acuerdo con Alberto Delgado para que la dirigiera. “Ambos pensamos en una producción dirigida especialmente a centros de enseñanza porque trata del significado de la educación y de sus consecuencias cuando ésta se organiza pobremente, además de tocar otros asuntos que encontramos muy actuales”, explica el director. Para él, la obra gira en torno a dos temas: el poder y el sexo. Los dos personajes pertenecen a dos mundos relacionados jerárquicamente. “Ella, Carol, es una alumna que necesita aprobar como meta para ganar un posición en el mundo y salir del pobre ambiente social en el que vive. No le interesa el estudio para ampliar sus conocimientos. Por su parte, John es un profesor bien situado económica y profesionalmente, tiene una idea más idealista de la educación y aparentemente busca mejorar la formación de su alumna”. Sin embargo, esta relación, en la que John disfruta de una posición dominante, cambiará totalmente en los dos siguientes actos: Carol, apoyada por una organización social, acusa a John de acoso sexual, e incluso violación, y éste acabará perdiendo su trabajo, su reputación, su familia. Como Mamet ha señalado, “es un drama sobre dos personas que quieren algo distinto. Si no fuera así, el público se iría a la cama. Poder sería otra forma de llamarlo”.

Liz PERALES “Escribir teatro es escribir diálogos”
David Mamet (Chicago,1949) comenzó a escribir entrado ya en la veintena. Estudió con Sanford Meisner, con quien se forjó en el método Stanislavski. Luego desempeñó varios oficios (conductor de camiones, vendedor por teléfono) hasta que fundó en 1974 la compañía Saint Nicholas Player. “No podíamos pagar derechos de autor y tuve suerte porque escribir era para mí como una habilidad más, como hacer bricolage; necesitas hacerte una casa y no puedes pagar un albañil, entonces aprendes cómo se hace. Así que si necesitas una obra teatral, te espabilas y aprendes a escribirla”. Su primer estreno en NY fue en 1975 con Duck Variations y Perversidades Sexuales en Chicago, pero la pieza que le dio fama fue American Buffalo. Después vinieron Glengarry Glen Ross, Speed the Plow, Edmond, hasta más de 25 obras, además de ensayos y novelas. Algunas de sus obras las ha llevado al cine, como Oleanna o Glengarry pues es también un acreditado guionista y director (El cartero siempre llama dos veces, Houses of Games, Hannibal o la más reciente Spartan). Mamet cree que “en esto de escribir teatro lo que acabas haciendo es escribir diálogos”, “que la pregunta fundamental que hay que hacerse en el teatro es: ¿Qué desea el protagonista? No es ni el tema, ni las ideas, ni la ambientación, sino aquello que desea el protagonista” y que “un personaje es acción como ha dicho Aristóteles: exactamente aquello que hace, no lo que piensa ni lo que dice. Es lo que intenta realizar físicamente en escena. Precisamente lo que entendemos de la forma de ser de una persona: no por lo que dice, sino por lo que hace”.

Hablando con Manuel Barreto




Egresado de la Escuela de Literatura de la UCV es escritor, poeta y ensayista. Escribe para diferentes medios impresos regionales, vive y trabaja en San Felipe, Estado Yaracuy. Actualmente dirige el CETA (Centro Experimental de Talleres Artísticos) ubicado en la capital yaracuyana.

ENcontrARTE: ¿Qué es el CETA?

MB: El CETA es una institución independiente que se fundó en 1980, aquí trabajamos el Área Literaria y las Artes Plásticas: pintura, dibujo diseño gráfico etc, experimentando con las nuevas generaciones, se imparten talleres a los jóvenes artistas, tanto de aquí como de las zonas aledañas e inclusive de Barquisimeto.

Además tenemos una editorial que se llama La Oruga Luminosa, que también era el nombre de nuestra revista literaria que era de excelente calidad y salió desde el año 1980 hasta el año 1992.

En esta institución trabajaban ocho personas hasta el año 2001. En ese año la Dirección de Cultura del estado durante la gestión del ex Gobernador Eduardo Lapi eliminó el subsidio que recibía esta institución. Muchas actividades se tuvieron que paralizar. Ahora por suerte la situación ha cambiado y con el nuevo Gobernador Carlos Jiménez volvimos a recibir los recursos.

ENcontrARTE: ¿Los jóvenes asisten a los talleres?

MB: Si, a pesar que en los últimos cuatro años la situación fue muy difícil y tuvimos que implementar casi una “Cultura de resistencia” ya que el movimiento cultural yaracuyano estaba prácticamente paralizado y desarticulado. Durante la administración de Lapi se construyó un moderno museo en San Felipe pero los artistas estaban totalmente desamparados. El museo se ve, los artistas no.

ENcontrARTE: ¿Cuál es la situación del movimiento artístico cultural en Yaracuy?

MB: Aquí existen muchos artistas populares y no populares también. Tenemos buenos poetas y escritores. De aquí era Edgard Jiménez un gran artista plástico e intelectuales como Gilberto Antolinez ambos ya desaparecidos. Gilberto era un gran conocedor de la cultura aborigen y de las culturas americanas. Pero actualmente hay mucho talento joven también.

ENcontrARTE: ¿Porqué crees que las actividades culturales que se desarrollan en el interior de país no tienen mayor divulgación y trascendencia a nivel nacional?

MB: Porque no se difunden lo suficiente. Cuando nuestra revista funcionaba tenía alcance nacional y daba a conocer los trabajos de los artistas y escritores de la región. Deberían existir muchas iniciativas como estas a nivel regional y en los diferentes estados del país. Creo que es en este sentido que ahora está trabajando el CONAC. Con la creación del nuevo ministerio existen planes para descentralizar la cultura que hasta ahora ha estado demasiado concentrada en la capital. Ya que la provincia también existe.

Nosotros esperamos reflotar la revista muy pronto. Para contribuir con esta tarea.

Existe mucha actividad cultural en el interior del país que con frecuencia pasa desapercibida. Esto tiene que cambiar. Eso es lo que esperamos.

ENcontrARTE: ¿Crees que la actividad cultural puede florecer en la provincia?

MB: Creo que si, si se llevan a cabo las políticas correctas. Hubo muchos artistas e intelectuales de aquí que se fueron a vivir a Caracas o inclusive afuera de Venezuela. Pero yo no, yo me quedé aquí y creo que hay que trabajar para el desarrollo artístico regional. Porque la cultura es parte integral y avance global de una nación.
UN POEMA DE MANUEL BARRETO:

BALADA A EIRA Y A MARY


Apenas apunta el amanecer
y ya estamos entre aguacates
girasoles y paredes de madera
que sostienen libros y revistas


apenas oigo el pajaro
y ya estoy de regreso
y dan las cinco
o las ocho que se yo
y llega la noche
y veo la luna
y la toco con mis dedos
y ya no me muerde como antes
ultimamente la luna
se comporta como un diosa

ENTREVISTA A GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN










Por Juan Manuel Parada.


Cuentista, narrador, ensayista, traductor, editor independiente, crítico literario, profesor y poeta. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas. Actualmente, uno de los cuentistas más leidos en el país, compartimos esta entrevista para seguir ampliando, e incluso debatiendo, en torno al cuento.

1. Cortázar afirma que el cuento contemporáneo se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios. ¿sigue vigente esa aseveración?

R.- Sí claro, sigue vigente esa aseveración del gran cronopio. Aunque no estoy seguro que el cuento sea una “máquina infalible” y tampoco que tenga una misión. ¿Lo enunció así Cortázar? No se, es raro. En todo caso el cuento es el formato narrativo que se debe más a la precisión, a expresar de manera contundente, sin ambages, sin retórica, sin afeites, la condición interior y social del hombre, y no sólo del hombre: de los animales (y lo animal) de los árboles, plantas, flora, cielo, universo, cosmos, muerte: todo lo conocido y lo que pretendemos conocer: lo huidizo, lo falible, lo dudoso, lo fallido que es donde está lo humano, porque lo humano no sólo está en lo edificante, lo trascendente o lo universal, que pueden ser modos de esconder lo otro, lo esencial. El cuento revela, descubre, crítica con su flecha terrible, y esto lo ha demostrado en la historia desde que nació en la tradición oral, parta luego convertirse en cuento literario, con una fuerza estética similar, en todas las culturas.

2. ¿Cuáles son las claves para construir un relato visual?

R.- No tengo claves para nada, no sé nada de eso. Aunque una vez redacté un ensayo, “Un arte narrativo de la imagen”, que puede leerse en mi libro Provincias de la palabra, el cual puede decir algo en esa dirección. Allí realizo una argumentación en ese sentido. He dicho que mis cuentos se basan inicialmente en una imagen visual, ese es el punto de partida; no es una historia que me cuenten o un argumento prestado, nacen casi todos mis cuentos de una imagen visual que luego tiene ramificaciones hacia otros sentidos y se vuelve experiencia sinestésica, donde lo visual sólo es un arranque para echar andar un mecanismo de relojería donde todo debería estar en su lugar, porque el cuento debe ser certero, no puede darse el lujo de desperdiciar palabras. Entonces el cuento gana cada vez más lectores sobre todo por eso, porque el lector de hoy ya no tiene tiempo para perderse leyendo idioteces, para ir nadando en un río de palabras innecesarias.

3.- Es importante el espíritu sensorial a través del texto narrativo?

R.- Sí, claro, sin sentidos no hay nada, tú no puedes hacer un texto creativo puramente intelectual, un texto que sea una mera elucubración o circunloquio de palabras, que pueden estar muy bien escritas o elegantemente dichas pero que no convencen, no mueven el piso. La literatura de los sentidos por sí sola tampoco dice nada, debe haber un complemento conceptual que la mueve, una idea original o sugerente que la urda a un entramado de palabras capaz de conmover. Conmover y convencer: he ahí dos aspectos centrales.

4.- ¿Cómo se logra la naturalidad en el arte de narrar?

R.- La naturalidad se logra escribiendo sin pensar, escribiendo toneladas de palabras como un río. Y después, ponerse a corregir incansablemente ese río, que es el trabajo artesanal de poner los clavitos, las tachuelas aquí y allá, para logar el equilibrio de la forma. Son dos trabajos complementarios.

5.- ¿Qué es el estilo?

R.- El estilo no es nada, la mayoría de las veces puede ser una entelequia, una trampa. Esa cosa de los “estilistas”, de los tipos que escriben bien, escriben perfecto y luego dan clases de estilo, puede una broma pesada o una pose, una impostura. Lo que se debería alcanzar en todo caso es una voz, una escritura- un idiolecto, no un estilo. Aquello de que “el estilo es el hombre” es una cosa ridícula, superada, una frase vacía hoy día. Puede que en su tiempo, pudiera haber tenido un sentido, pero ahora no le veo la vigencia.

6. ¿Continúa vigente la estructura Presentación, Conflicto y desenlace para el desarrollo de un cuento?

R.- Para nada. Lo que debería haber en todo caso es una forma trabajada de modo implacable, pero ya no hay estructuras preconcebidas para el cuento, ni decálogos, ni métodos, ni nada de eso. Cada escritor debe inventar su forma, su idiolecto, su mundo, el estilo y los encasillados son lo de menos.

7.- ¿Algunas claves para lograr la intensidad narrativa?

R.- De claves no sé nada. A lo sumo se me ocurre que el acto de escribir puede asumirse como hacer el amor, beber un trago o disfrutar de una buena charla o comida con los amigos o la familia, o una discusión con buenos contrincantes, con opositores inteligentes.

8.- ¿Cómo se construye un personaje creíble?

R.- El asunto de la verosimilitud es uno de los más complejos en el arte narrativo, llevar al plano de la credibilidad algo que es inventado, que es ficción, que el lector te crea esa “mentira”, en eso consiste quizá el trabajo más arduo del narrador, y la verdad es que no sé como se logra, será en todo caso con trabajo y más trabajo, cometiendo errores que pueden ser luminosos y viviendo muchas cosas intensas, pero sobre todo leyendo mucho. Los personajes de Hemingway, por ejemplo, en lengua inglesa, son soberbios, extraordinarios, impactantes, están sacados de algo profundamente vital; los personajes cotidianos de Raymond Carver realmente están creados para que tú les creas todo. Los personajes de Gallegos, son creados en tres líneas, es algo mágico como Gallegos puede crear personajes con algunas pinceladas, así de un solo tirón, y cómo García Márquez te emplaza directamente a dialogar con sus personajes. Es algo que sólo logran estos maestros.

9.- ¿Importancia de los diálogos en el cuento moderno?

R.- Un narrador debería escribir siempre como si dialogara con todo. El diálogo es lo más importante de un cuento, tanto el diálogo que se halla entre guiones, como aquel que se inserta en el cuerpo de la prosa corrida, o el monólogo interior que también es un diálogo pero consigo mismo, todos son formas del diálogo, sin el cual el cuento ni la novela y ni siquiera la literatura existirían.

Entrevista a Jotamario Arbeláez


El nadaísta colombiano responde a los cuestionamientos del poeta boliviano Gabriel Chávez Casazola.

Jotamario Arbeláez, Foto de JALJotamario Arbeláez (1940), poeta y publicista de origen caleño, formó parte del movimiento nadaísta, el mismo que se trasladara a Cali con el propósito de sustituir el busto de “María” la de Jorge Isaacs por uno de Brigitte Bardot. Desde la publicación de su primer libro El profeta en su casa (1966), Jotamario demostraría toda la ironía y mordacidad que aprendiera con sus lecturas de los surrealistas. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Oveja Negra y Golpe de Dados, con Mi reino por este mundo (1981).Así mismo ha publicado El libro rojo de rojas (1970), escrito en colaboración con Elmo Valencia; la antología Doce poetas nadaístas de los últimos días (1986) y El espíritu erótico (1990), antología poética y pictórica realizada junto con Fernando Guinard. En 1985 ganó el Premio Nacional de Poesía Colcultura con “La casa de la memoria” y en 1999 el mismo premio, esta vez del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, con “El cuerpo de ella”. Como publicista, ha participado en el diseño de las campañas de Belisario Betancur, Alvaro Gómez y Andrés Pastrana. En el 2008 ganó el premio Víctor Valera, en Venezuela por su libro Paños Menores publicado en Alfoja Ediciones, col Azor, 2003, México DF.

Jotamario Arbeláez: “Los Nadaístas nos propusimos fracasar. Unos triunfaron pero otros fracasamos en el intento”.

Afirma un amigo que los bolivianos somos asincrónicos al tiempo de los movimientos poéticos. Tal vez eso explique que allá por 1990, un puñado de recién estrenados escritores, juntos y revueltos en la ciudad de Cochabamba -que Unamuno creyó especialmente propicia a la imaginación- hayamos descubierto, con un júbilo digno de nuestra condición primeriza, al Nadaísmo y sus p(r)o(f)etas.
Conseguir sus textos no era fácil en un país que había decidido ser mediterráneo espiritualmente para hacer juego con su condición geográfica. No llegaban muchos libros de poesía y menos de autores ni canónicos ni comerciales (cosa que ahora, la verdad por delante, no ha cambiado demasiado). No estando disponible aún el salvavidas de internet, era la magia de las propias palabras la que nos proveía, como ahora quiero pensarlo, mientras paso revista a aquellos años atravesados por las cubiertas naranjas de la edición que Carlos Lohlé -que solía también entregarnos a Kazantzakis- había publicado de la Obra Negra.
Sin duda, este descubrimiento boliviano de los nadaístas fue un tardío Tabor, aunque vista la eternidad de las cosas poéticas y considerando que el tiempo, como dice Borges que dijo Macedonio Fernández, es una falacia, eso nos importó un bledo. Adanistas del nadaísmo, que por entonces llevaba ya tres décadas de andadura de las que hicimos caso omiso, leímos, releímos y paseamos por calles y plazas a Gonzalo Arango, Jotamario Arbeláez, Armando Romero, Elmo Valencia y otros de la tribu, tal como si acabaran de venir y revelarse al mundo.
Luego, el tiempo mismo se encargó de demostrarnos que Borges (o Macedonio Fernández, que para el caso es igual) estaba equivocado. Dejamos de ser recién estrenados escritores y, a media jornada o jornada completa, también de ser escritores. Expulsados de la ciudad de la imaginación por la flamígera del pane lucrando, más revolcados que revueltos y más ajenos que juntos, hicimos nuestras propias andaduras, escoltados, eso sí, de algún modo secreto y a la vez evidente en nuestra poesía y en otras destilaciones, por la jubilosa memoria de las cubiertas naranjas del ‘incunable’ -que alguien tuvo a bien decomisarme y debí reemplazar por la edición de Plaza &Janés- y el memorioso júbilo de las ilegales fotocopias de los otros nadaístas, de quienes jamás llegamos a ver un libro impreso.
Pasaron los 90, pasaron tres cuartos de esta década sin nombre (la siguiente será la de los 10, pero ¿y ésta?) y el Nadaísmo cumplió 50 años. La verdad no había caído en cuenta de estas bodas sin oro -ya les decía yo que los bolivianos éramos asincrónicos al tiempo de los movimientos poéticos-, hasta que me lo hizo notar el mismísimo Jotamario Arbeláez, cuando coincidimos, para alegría mía, en la Bienal del Libro de Fortaleza, en Brasil, a la que ambos resultamos invitados este pasado noviembre. Como de aquellos polvos vienen estos lodos, de ese encuentro nació esta entrevista, que a manera de postrer examen de conciencia se publica a pocos días para la muerte del Nadaísmo, prevista -Jotamario dixit- para el 31 de diciembre de 2008, salvo error u omisión.

Jotamario Arbeláez y José Ángel Leyva
Gabriel Chávez: -Han pasado 50 años -se dice fácil- desde que Gonzalo Arango ‘desenfundó’, como dices tú, el nadaísmo. ¿Te imaginabas entonces que la (a)ventura sería tan larga?
Jotamario Arbeláez: -Gonzalo se definía como “poeta, y eterno de algún modo.”
En una entrevista lejana, Amílcar U declaró: “El nadaísmo es una cosa eterna que apenas lleva 5 años.”
Para conmemorar la desaparición del “profeta” escribí el réquiem: “Gonzalo Arango. 20 años en la eternidad”.
X-504 había inscrito. “La eternidad tiene tiempo de esperarme”.
Elmo Valencia consideraba el nadaísmo la antesala del fin del mundo.
Armando Romero sentenció. “El nadaísmo podrá morir, pero sus gusanos son inmortales.”
Sin embargo, en el primer manifiesto, redactado cuando todavía éramos contingentes, se había previsto:
“¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa desde el punto de vista de la lucha, porque no llegar es también el cumplimiento de un destino”.
Después de dar 50 vueltas al sol con los pies en la tierra movediza de la poesía, y con la mitad de los fundadores en el subsuelo, podemos notificar que llegamos, y nos pasamos.
-La revolución -política, sexual y de las percepciones- que ustedes enarbolaron hace medio siglo, siendo pioneros también en esto, ha tenido unas derivaciones, por decir lo menos, inquietantes. ¿Será esto un fracaso? Y si así fuera, ¿le preocupa el fracaso a un nadaísta -si por definición no debería hacerlo?
- Hicimos la apología de lo que se consideraba delito con la esperanza de que ese delito derivara en la legalidad y la norma. Elogiamos la marihuana incipiente y se consolidó el narcotráfico. Cantamos la lucha del guerrillero heroico y a la guerrilla se le coló la heroína. Magnificamos la sexualidad desbordada y reventó el sida. Haber perdido estas tres monumentales batallas no es una derrota. Nos propusimos fracasar. Unos triunfaron. Y otros fracasamos en el intento.
-Hay quienes afirman que el nadaísmo ha sido el movimiento más importante en la historia de las ideas en Colombia. ¿Concuerdas con esta apreciación? ¿Y cuál crees que fue y es su importancia en la literatura colombiana y latinoamericana?
- El nadaísmo no puede haber sido el movimiento más importante de las ideas en Colombia porque en Colombia las ideas no tienen historia. No tratamos de imponer nuevas ideas sino sacar a los colombianos de la idiotez. El nadaísmo no tiene en sí ninguna importancia, aparte de la que le ponen las jóvenes víctimas de la doctrina y los críticos ya cacrecos que en 50 años no pudieron exterminarnos. En medio siglo, fuimos el único movimiento que se movió en Colombia. De los 13 poetas iniciales ha muerto la mitad más uno. De los sobrevivientes ninguno padece ni gota de reumatismo ni de resentimiento. El nadaísmo no ha hecho nada memorable, salvo hacerse olvidar.
-En la Bienal del Libro de Fortaleza, este pasado noviembre, se planteó la posibilidad de inscribir al nadaísmo como parte de una ’segunda vanguardia’ en el siglo XX. ¿Por ahí van los tiros?
- Nos presentamos como vanguardia al despuntar los 60s porque nunca hubo vanguardia en Colombia. Y mucho menos la habrá después de nosotros. Para nosotros la vanguardia quedó atrás. Como la protesta. Como la piedra. Como el escándalo. El único mueble que conservamos es una silla zen de tres patas. Sobre la que por turnos saboreamos el té.
-¿Qué queda del nadaísmo? ¿De veras lo sepultarán los nadaístas vivos este 31 de diciembre, como anunciaste?
- Es mi propuesta, que los demás nadaístas estudian en sus retiros espirituales. La de aplicarle la eutanasia. Y no porque esté sufriendo ni sea enfermo terminal como nuestros últimos enemigos. Creo que mejores batallas se podrían seguir librando con el cadáver. Pero en el testamento de Gonzalo Arango leemos: “No hay que luchar, ni por la vida”.
-¿Recuerdas cómo te hiciste nadaísta? ¿O los nadaístas no se hacían sino que nacían?
- Me hice nadaísta porque no pude ser otra cosa. Para maquillar mis fracasos de adolescente. Asumí ser poeta para poder acreditar una actividad en los registros de los hoteles. Lo que me hacía aún más sospechoso que declararme simplemente vago. Cuando me publicaron el primer poema supe que había firmado mi condenación eterna. No me quedó más remedio que persistir. Y el remedio fue milagroso.
-¿Todavía conversas con Gonzalo Arango? ¿Si es así, qué se dicen, muerte de por medio?
- En un sueño, recién desaparecido, Gonzalo, refugiado en el Tibet, me preguntó: “¿Qué harás cuando se acabe el nadaísmo?”. “Escribir la historia del nadaísmo”, le respondí desde el Titicaca. “La historia sagrada se escribe sola”, dijo en voz baja, y se transformó en un cerezo.
-¿No te incomoda estar asociado, casi sin solución de continuidad, al nadaísmo? ¿Cómo es Jotamario Arbeláez -hombre y poeta- fuera de los márgenes de este movimiento (si tales márgenes existen)?
- El nadaísmo es mi marca de fábrica. Una marca muy cotizada pero invendible. Por eso tuve que hacerme publicista por el camino, para financiar la bohemia de los versos impublicables. Y periodista, para deslizar la poesía entre mis crónicas. En el nadaísmo nunca hubo márgenes, ni siquiera de error. Porque nunca dos nadaístas pensaron lo mismo.
-¿Por qué ser poeta y serlo, peor todavía, en estos tiempos? ¿No sería mejor abstenerse de tal despropósito?
- El poeta no puede serlo sino en los tiempos que le son propios. Para sacar avante el mundo o para ponerle problemas. La poesía no da tregua. Pero de no haber sido elegido por la poesía, con qué gusto habría sido amante latino.
-A la mayor parte de los poetas de hoy sólo los leen otros poetas. No es tu caso, ya que tu poesía llega a una silva de lectores de varia inventio. ¿Cuál es la fórmula?
- Cuánto no daría porque esos que cuentas como mis numerosos lectores de varia inventio, fueran mis amigos poetas. De cada poeta, por lo general sus colegas le leen los dos o tres primeros poemas que escribe y creen que ya saben lo que vendrá. Un truco puede ser repetir los poemas en cada libro. Así los desprevenidos y nuevos lectores se maravillarán de cómo va progresando.
-Pocos pueden contar que han ganado un premio de 100 mil dólares por un libro de poesía. ¿Te sorprendió la noticia del “Valera” en ‘paños menores’? ¿Qué noble uso le estás dando al monto del premio, si no es indiscreción preguntártelo?
- Los voy a invertir en una “pirámide”, con la seguridad de duplicarlos en el corto plazo. Para allí sí poderme dedicar de lleno a la prosa. Si los pierdo, no habré perdido nada. Tengo poemas aptos para un próximo concurso.
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(*) Poeta y periodista boliviano. casazola@hotmail.com
Nadaísta para siempre
Ahora que mi padre se fue de parranda a la otra cara delaire, y que mi madre y mis hermanas viven de su retrato yorgullosas esperan que yo también vaya tomando el tono sepiade los viejos daguerrotipos,ahora que tengo bolsillos de sobra para manducar por todos loshambrientos del mundo y no proveniente de herencias ni decontrabando de coca mas he perdido el apetito,ahora que nada me falta sino la desesperación tan querida yaquella soledad que poblaba mis páginas de criaturas de carne y humo,ahora que calzo y visto de las vitrinas que me tientan, que bailo ybebo de las manos y de los pies de las danzarinas incorpóreaincorporadas a mi vida en calidad de serpentinas,serpentinas de paraíso que no de fiesta ni aquelarre,ahora que han descendido las gradas de palacios y vaticanos todoslos césares y todos los píos, que han entrado en liquidaciónintocables y tradiciones yque lo único que resta de venerable es el pobre santo deplomo que hundido en la verdura hasta las narices ponelos huevos de la revolución apoyado en la cruz de su metralletabajo tranquilo del avión sin soltarme del pasamanos,me aventuro por las calles rabiosas de multitud y me hagoperseguir por las miradas ojiverdes de la ley del más fuerte,hago gimnasia en las esquinas, esquivo los embates del toro,me hago el loco a término fijo.
Paño de lágrimas
Padre
Con esta mano que me diste
Bendigo el mundo que me diste
Gracias te doy por la obra de tus manos
Y por la obra de tu amor
Desde mi nacimiento no tuvo paz tu pie sobre los pedales
Y la música de tu máquina de coser arrulló mi infancia
Y te debo no sólo el ánima que ambula con sus tejidos corporales
Sino el ropero que me has hecho
Soy un hombre de paño gracias a tus desvelos
De ti heredo la talla y el modo de amarrarme los pantalones
Tú me diste las primeras puntadas de mi amor por la poesía
Brindo por ti con un dedal de vino!
Un largo inacabable
es tu bondad
Tus reglas siempre rectas
fueron dóciles
Con tu tiza también se escriben
páginas den la humilde historia
Montado en una aguja entrarás al Reino
más veloz que en ningún camello
No perdemos el hilo de tu cariño
Nos unimos alrededor de tus tijeras
Jotamario Arbeláez,



Gabriel García Márquez y el problema de la gramática

El escritor Gabriel García Márquez considera «natural» la reacción de los gramáticos, lingüistas y académicos a su discurso de Zacatecas ( Botella al mar para el dios de las palabras , EL PAÍS del pasado martes 8 de abril): «Sería absurdo que los que guardan la virginidad de la lengua estuvieran contra sí mismos. Pero la mayoría parece haber hablado sin conocer el texto completo de mi discurso, sino sólo fragmentos más o menos desfigurados en despachos de agencias. En todo caso es increíble que a la hora de la verdad hasta los más liberales sean tan conservadores».

Estos días hemos oído en muchas ocasiones que el escritor colombiano había pedido suprimir la gramática. Su discurso no lo dice.
«Dije que la gramática debería simplificarse, y este verbo, según el Diccionario de la Academia, significa 'hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa'. Pasando por alto el hecho de que esa definición dice tres veces lo mismo, es muy distinto lo que dije que lo que dicen que dije. También dije que humanicemos las leyes de la gramática. Y humanizar, según el mismo diccionario, tiene dos acepciones. La primera: 'hacer a alguien o algo humano, familiar o afable'. La segunda, en pronominal: 'Ablandarse, desenojarse, hacerse benigno'. «¿Dónde está el pecado?», se pregunta.

El siguiente punto de contestación a las palabras de García Márquez es el ortográfico. Parte del supuesto de que si a él le hiciesen un examen de gramática, le reprobarían «en toda línea».

«Además, mi ortografía me la corrigen los correctores de pruebas. Si fuera un hombre de mala fe diría que ésta es una demostración más de que la gramática no sirve para nada. Sin embargo la justicia es otra: si cometo pocos errores gramaticales es porque he aprendido a escribir leyendo al derecho y al revés a los autores que inventaron la literatura española y a los que siguen inventándola porque aprendieron con aquellos. No hay otra manera de aprender a escribir».

En toda la conversación, el Nobel de Literatura reivindica su papel de escritor y como tal, piensa «más en el sufrimiento de la gente que en la pureza del lenguaje».

«Por eso dije y repito que debería jubilarse la ortografía. Me refiero, por supuesto, a la ortografía vigente, como una consecuencia inmediata de la humanización general de la gramática. No dije que se elimine la letra hache, sino las haches rupestres. Es decir, las que nos vienen de la edad de piedra. No muchas otras, que todavía tienen algún sentido, o alguna función importante, como en la conformación del sonido che, que por fortuna desapareció como letra independiente».

Quizá el mayor escándalo se ha formado con sus propuestas respecto a las bes y las uves, y con los acentos.
Sobre las primeras, dice: «No faltan los cursis de salón o de radio y televisión que pronuncian la be y la ve como labiales o labidentales, al igual que en las otras letras romances. Pero nunca dije que se eliminara una de las dos, sino que señalé el caso con la esperanza de que se busque algún remedio para otro de los más grandes tormentos de la escuela. Tampoco dije que se eliminara la ge o la jota. Juan Ramón Jiménez reemplazó la ge por la jota, cuando sonaba como tal, y no sirvió de nada. Lo que sugerí es más difícil de hacer pero más necesario: que se firme un tratado de límites entre las dos para que se sepa dónde va cada una».

En cuanto los acentos, irónico, explica.

«Creo que lo más conservador que he dicho en mi vida fue lo que dije sobre ellos: pongamos más uso de razón en los acentos escritos . Como están hoy, con perdón de los señores puristas, no tienen ninguna lógica. Y lo único que se está logrando con estas leyes marciales es que los estudiantes odien el idioma».

García Márquez opina que los gramáticos y los escritores son oficios distintos. Su diferente dialéctica es la que ha generado el debate.

«La raíz de esta falsa polémica es que somos los escritores, y no los gramáticos y lingüistas, quienes tenemos el oficio feliz de enfrentarnos y embarrarnos con el lenguaje todos los días de nuestras vidas. Somos los que sufrimos con sus camisas de fuerza y cinturones de castidad. A veces nos asfixiamos, y nos salimos por la tangente con algo que parece arbitrario, o apelamos a la sabiduría callejera».

«Por ejemplo: he dicho en mi discurso que la palabra condoliente no existe. Existen el verbo condoler y el sustantivo doliente , que es el que recibe las condolencias . Pero los que las dan no tienen nombre. Yo lo resolví para mí en El General en su laberinto con una palabra sin inventar: condolientes . Se me ha reprochado también que en tres libros he usado la palabra átimo, que es italiana derivada del latín, pero que no pasó al castellano. Además, en mis últimos seis libros no he usado un sólo adverbio de modo terminado en mente, porque me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales».

El escritor, que está de excelente humor, concluye la conversación de un modo muy expresivo.

«El deber de los escritores no es conservar el lenguaje sino abrirle camino en la historia. Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio».

Y reitera sus palabras de Zacatecas: «Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros».

Roman Chalbaud, el señor del cine venezolano

Caracas.- Román Chalbaud palmea con cariño a la perra de pelo miel. Ella responde juguetona al contacto. Él la mira y sin embargo, por segundos, parece no estar presente en el lugar. Su mente, quizás, revisa las escenas que faltan por montar de Pandemonium, su más reciente película.

RC: Es como el monstruo de Frankestein -comenta con voz pesada, ajena- va creciendo, adquiriendo vida propia. Cuando se hace una obra, se piensa que determinada escena es maravillosa, pero luego al verla en pantalla, te das cuenta de que no era tan buena como tú pensabas. Y otra cosa a la que no le diste importancia, como un detalle de transición, resulta que cobra un gran valor.

VS: Las horas de montaje se ven reflejadas en su rostro, en su cuerpo.

RC: Ahora es mucho mas rápido montar, porque se tiene el video a mano, ya tengo montados cinco rollos y son diez - dice mientras observa por el balcón el grupo de edificios, el trozo de Ávila, el retazo de un cielo azul casi blanquecino.

VS: Estas últimas semanas han sido de mucho trabajo para Román Chalbaud, pues además de dedicarse al montaje de Pandemonium, prepara el reestreno de Reina Pepeada en el Teatro del Paraíso. Y seguramente, con la celebración de los 100 años del Cine Venezolano no faltará quien le haga otra entrevista o solicite afanoso alguna declaración al respecto.

RC: Fui a mejorar mi inglés a la Universidad de Nueva York. Estando allí conocí a los Strasberg. Un día, Ana Strasberg me comentó que su esposo, Lee, iba a dictar un curso para directores profesionales de todo el mundo. Me inscribí. Los participantes eran directores consagrados de Japón, Alemania, Estados Unidos, México, Transilvania. Ese fue el último curso que dio Strasberg.

VS: Durante doce martes, de diez de la mañana a cuatro de la tarde, Chalbaud y los otros cineastas se reunían y trabajaban en el Teatro Marilyn Monroe.

RC: Teníamos como tarea dirigir escenas de obras, las cuales previamente eran aceptadas o no por Lee. Los actores eran los alumnos del Actor's Studio. El ejercicio consistía en presentar la escena, el la criticaba y por lo general la hundía. Recuerdo que a mi me tocó de primero: había preparado una escena de Yerma, de García Lorca. A la actriz la destrozó, pero elogió mucho la puesta en escena, cosa que el nunca hacía, de esto último me enteré después.

Uno aprendía de sus críticas, de sus observaciones

RC: Si vas a dirigir por el método, los actores que están bajo tu égida tienen que conocerlo perfectamente. Cuando hago una película, no puedo usar el mismo método con todos los actores, porque unos no saben lo que es, otros vienen de la televisión, otros son novatos. Sin embargo, esos conocimientos te permiten guiar a un intérprete y darte cuenta de la entrega que es la actuación.

RC: En el cine la mirada es muy importante, los ojos dicen todo, como si fueran una radiografía. Si vas por una calle, miras a un hombre a los ojos y captas que algo terrible le sucede... y él no está hablando. Eso es cine.

RC: Ensayo mucho cuando estoy por hacer una película. Hago muchos ensayos de mesa, leemos una y otra vez el guión. De manera que cuando los actores llegan a la filmación, saben perfectamente en que momento de la película están, que es lo que quiero de ellos. Si, el primer día de rodaje, empezamos a filmar en la escena cuarenta, ellos saben a que situación se enfrentan, de donde vienen. En cambio, en la televisión, no se ensaya nada y los directores por lo general no dirigen, las cámaras lo hacen. Lee Strasberg llamaba a los de televisión directores de tránsito: Entre por aquí, abra la puerta, siéntese en esa silla, párese, vaya a la ventana... es como dirigir el tráfico y eso no es dirigir.
VS: ¿Y el dinero?
RC: Por mi haría una película al año, tengo innumerables ideas, por ejemplo quiero llevar al cine la pieza Reina Pepeada. Si tuviera el dinero ahorita, la filmaría. Pero no, primero tengo que buscar quien pone dinero. El único ente que invierte dinero aquí es el Centro Nacional de Cinematografía y antes era Foncine. Aquí no hay productores que metan dinero en el cine.
RC: Porque realmente no es un negocio. En los setenta, las películas se pagaban y eso me permitió hacer 16 filmes. Uno al año, una vez hice dos en un año. La quema de Judas costó 900 mil bolívares, la siguiente, Sagrado y obsceno costó un millón 200 mil. Así ha ido subiendo hasta Pandemonium que costó 130 millones. Solo el negativo, 70 mil pies, fueron 20 millones. Entonces, si la película cuesta 120 millones y a ti te toca el 28% de la taquilla, para recuperar la cinta se tienen que recaudar en Venezuela 360 millones... yo no sé si eso ha sucedido. Creo que no, pero si los da son películas como Rambo.
RC: Pasa también que la televisión no ha querido entrar en el negocio del cine. En la Ley de Cine aparecía que la televisión debería invertir dinero en películas venezolanas, pero se han negado. En otros países hay lo que se llama el derecho de antena: por ejemplo se va a hacer una película española y si es de interés para Televisión Española, te dan el 40 % del costo y a cambio les das el derecho de transmitirla dos años después. Esa es la lucha tan terrible que se mantiene en el país, porque eso aquí no se hace.
RC: Volví a la televisión porque uno tiene que vivir de algo. Además lo hice con proyectos considerados dignos dentro del medio: Nuestra Señora de Coromoto y los 30 primeros capítulos de El perdón de los pecados, de Ibsen. Me gané un dinero que invertí en la película y además necesitaba para vivir... los quince y los últimos tienes que pagar una serie de cosas. Sin embargo, estuve fuera del medio televisivo desde el 81, porque el cine me lo permitió.

VS: El cine es la expresión cultural de nuestro país. ¿No tenemos derecho a opinar artísticamente sobre nuestros problemas, el amor, la economía o los problemas del mundo?
RC: Pienso que me tengo que expresar en mi país y seguir el hilo de lo que aquí sucede. Vivo aquí, soy venezolano. Sin embargo, me contratan afuera, estuve año y medio en Puerto Rico haciendo una novela. Tormento, de Pérez Galdos. ¿Ves?, me llaman pero no para quedarme, pienso que tengo que hacer mi labor en Venezuela.
VS: Tengo que agregar a Luís Alberto Lamata, porque después de Jericó y Desnudo con naranjas se ha convertido en uno de los mas importantes directores venezolanos.
RC: La que más me sigue gustando es Araya, porque es cine puro. Es un poema. También admiro muchísimo a otras películas del cine venezolano: 'Oriana', 'Disparen a matar'...aunque a Araya yo le tengo un cariño muy especial.
RC: Es muy difícil escoger. El pez que fuma es una película que todavía me trae grandes alegrías, me llevan a todas partes del mundo cuando exhiben El pez que fuma. A estas alturas se ha convertido en un clásico, en una cult movie. Fue elegido dentro de las 20 mejores películas latinoamericanas de todos los tiempos. Por otro lado pienso que La oveja negra es superior técnica y artísticamente. Y pienso que la mejor va a ser Pandemonium- afirma Chalbaud, mientras en su mirada se percibe la obstinada pasión de un hombre obsesionado por hacer películas... puro cine.

Cuestionario

A Román Chalbaud le causa gracia responder a este cuestionario que tantas veces oyó en Actor's Studio.
- Amor
- Odio
- Novelista
- Verdugo. Las palabras vanas, cuando la gente hace verdaderos monólogos y hablan sin parar, lo cual me aturde.
- La música
- Te estábamos esperando...
El extraño sofá de Lee Strasberg

El apartamento esta iluminado por la luz amarilla cobriza que entra por las ventanas. Lee Strasberg esta sentado en un sillón y Chalbaud se encuentra recostado en un pequeño sofá blanco. Ambos observan como Ana prepara a los niños para bajar a Central Park. Ana los lleva a la puerta y desde allí se despide. Los niños llamados David y Michelangelo, corren hacia el ascensor. Es en ese preciso instante cuando Chalbaud tiene valor para preguntar, con cierto ardor fetichista:
RC: Una vez me comentaron que poseías cosas de Marilyn Monroe ¿es verdad o es cuento?
Strasberg mira el rostro de Román, lo estudia durante varios segundos y responde:
- Estás sentado encima de una de esas cosas.
Hilda Vera, La Garza
RC: A comienzos de los años cincuenta conocí a Hilda Vera. Ella vivía en Ciudad de México donde hacía teatro y cine. Acababa de ganar el premio como la mejor actriz teatral cuando fue contratada por Luís Guillermo Villegas Blanco para interpretar el segundo papel femenino en Luz en el páramo, película venezolana que el director mexicano Víctor Urruchua iba a dirigir en nuestro país y que también protagonizaría Luís Salazar. Yo tenía unos veinte años de edad y me habían contratado para que fuera asistente del director. En mi vida hay muchas mujeres de gran significación. Mujeres como mi madre que me han ayudado a ser lo que soy. Mujeres que me han dado su sabiduría o su ternura. Mujeres que me han inspirado muchos de los personajes de mis obras. Una de ellas es Hilda Vera. Para ella escribí La Danta, de La quema de Judas, que ella interpretó estupendamente en el teatro y en el cine; Glafira, de Sagrado y obsceno, es un personaje que ella doblaba con mucha gracia y sentimiento; y La garza, de El pez que fuma, es su gran creación. Los tres caracteres son mujeres de la vida. ¿Por que siempre me das papeles de prostituta?, me preguntaba Hilda, y nos moríamos de la risa.
Cuando Sean Connery vio El pez que fuma, en la sala privada de Blancica, sintió una gran atracción por Hilda Vera. '¿Quién es esta actriz?', preguntó. Y al terminar la cinta dijo:
- La muerte de esta mujer solo es comparable a la muerte de Greta Garbo en La dama de las camelias.
Me gustaría hacer muchas películas más con Hilda Vera, pero la vida nos hace terribles jugarretas. Ella ya no esta con nosotros pero están La Danta, Glafira, La Garza. Que son ella misma y están vivas. (Fragmento de un texto).


Darío Pignotti
Página 12

El director de la miniserie Amores de barrio adentro, Román Chalbaud, dice en este reportaje que su programa busca provocar la participación política. De fondo, el referéndum (del 15 de agosto) revocatorio del mandato presidencial y la guerra de los medios

"La revolución será televisada." En la guerra mediática venezolana Hugo Chávez echó mano de un arma melodramática: el canal estatal acaba de estrenar una miniserie sobre el romance entre una joven chavista y un "ni-ni", alguien que no es oficialista pero tampoco "escuálido" (opositor).

"Amores de barrio adentro" es una historia ambientada en Caracas poco antes del golpe de Estado de 2002", resume Román Chalbaud. Es el director de la tira que sorprende por el suceso de audiencia compitiendo con los inveterados culebrones, casi tan exportados como el petróleo.

El programa, lanzado en plena campaña por el referéndum donde se decide el futuro del gobierno, está en boca de todos: para la oposición no pasa de un "panfleto oficialista"; Chalmaud rebate: "No hago panfleto, hago realismo, algunos consideran que hago realismo sucio, creo que no hay realismo limpio". El director, que es una celebridad del cine venezolano, no posa de neutral, se proclama chavista y admite estar en el combate propagandístico. Con Amores... se propone quebrar la indiferencia de los "ni-ni", que en las encuestas sobre el referéndum son mayoría, y arrastrarlos hacia su causa. Durante un extenso diálogo con Página/12, en un descanso de la grabación, Chalmaud atravesó la realidad desde Chávez hasta el magnate televisivo Gustavo Cisneros, ironizó sobre la "Venezuela saudita" del pasado, consideró a Simón Bolívar un líder mediático y deploró la estética "mentirosa" de la TV privada. Pero en cada respuesta volvió al referéndum y la necesidad de aplacar las crispaciones.

–¿La fractura de la sociedad venezolana es irreversible?
–Amores de barrio adentro habla de esa sociedad polarizada, de la violencia y de la reconciliación. Es una historia que transcurre en dos mundos enfrentados pero separados por una calle. De un lado una urbanización, una villa como dicen ustedes, y enfrente un barrio de clase media alta. Aquí los chavistas, más allá los "escuálidos", eso es algo común en Caracas. La heroína vive en la urbanización, estudia sociología y realiza una encuesta sobre amor y paz en tiempos de revolución; el muchacho es un periodista "ni-ni" que vive enfrente. El estaba haciendo un documental cuando es echado del canal por entrevistar a una chavista. Los dos discuten, él le reprocha su agresividad, ella le critica su falta de compromiso. Pero al final el amor todo lo puede (riendo).

–¿Chávez va a participar de Amores...?
–La serie tendrá 53 capítulos, recién vamos por el cuarto. Tal vez en algún momento sea convidado a participar, no lo sé aún.

–¿Y el público "escuálido"?
–Ellos reaccionaron bien, porque no hacemos un panfleto, no pintamos a todos los escuálidos como villanos, sino como seres humanos con sus problemas y sus contradicciones. La idea del autor Rodolfo Santana es no hacer una caricatura, sino una historia que permite que los venezolanos se vean a sí mismos.

–¿Hay algo de herejía en hacer espectáculo con la revolución?
–Tratamos de acompañar la estética realista con las posibilidades que da la tecnología actual, eso nos permite contar lo que nos pasa y también hacer un espectáculo. Yo soy heredero del neorrealismo italiano, me formé con Roma, ciudad abierta de Rossellini, pero también creo que se debe hacer algo atractivo, mis películas y mis obras de teatro (El pez que fuma, Cangrejo) han tenido muy buena taquilla. No estoy de acuerdo con el realizador cubano García Espinosa que dice que no importa la calidad estética, sino la ideología.

–¿Usted fue un "ni-ni"?
–No soy un chavista de la primera hora. Uno siempre tuvo algún resquemor hacia los militares. Pero al ver las bajezas, las suciedades que hicieron en la oposición decidí tomar una posición a favor de este proceso.

–¿Teme que el referéndum termine en una guerra civil?
–Al contrario, estoy percibiendo más tolerancia, hay lugares del este caraqueño como Alto Prado y Colinas de Bello Monte donde los chavistas de clase media, que los hay, han puesto sus propagandas en favor del "no" y nadie los agredió como ocurría hace poco. Aunque el peligro mayor es una invasión.

–¿Es verosímil un desembarco de EE.UU.?
–Es posible una invasión norteamericana, pero para eso tendrían que matar por lo menos 500.000 personas. Hay mucha gente dispuesta a dar la vida.

–¿Usted está dispuesto?
–Por supuesto que sí, tengo 73 años y defiendo lo que se está haciendo.

–¿Una victoria abrumadora de Chávez puede degenerar en un pensamiento único de la revolución?
–No creo que exista ese riesgo. Esto todavía es un proyecto que se está gestando, hay errores como en toda gestación, pero se está construyendo una democracia participativa y no una parodia de democracia. Creo que van a fortalecerse nuevos proyectos de cine, de TV, que rompan con la estética del consumismo. Queremos contar nuestra realidad, estamos haciendo cosas divertidas. En Venevisión (TV oficial) hay varios humorísticos, La hojilla, El ojo pelao, se ironiza la realidad, nos permitimos reír de la desinformación, de las telenovelas absurdas, de una mentalidad colonizada.

–¿Una suerte de "imaginario Miami"?
–Durante años los venezolanos soñaban con Miami, nos llamaban "los indios tabarato" porque comprábamos todo. Vivíamos en una "Venezuela Saudita", sólo se pensaba en dinero, en consumo, en centro de compras. Chávez logró algo mágico haciendo renacer las ideas, inventando un imaginario nuevo.

–¿Quién inventó a Chávez?
–Hugo Chávez es una creación de Carlos Andrés Pérez (ex presidente), de su corrupción, de su traición a los ideales. Chávez sabe comunicar al pueblo su compromiso, recuperó el latinoamericanismo, ha restaurado la historia de Simón Bolívar y de San Martín.
–¿Bolívar sería un buen político mediático?
–Sería de primera clase, sería un maravilloso comunicador. Fue terrible cómo la oposición bajó todos los símbolos bolivarianos el día del golpe. Está en preparación un programa de TV con Simón Bolívar y Simón Rodríguez caminando por la Caracas de estos días.

–¿La TV fue incluida en el guión de Amores...?
–Hay una señora de clase media alta obsesiva con la TV, que tiene cuatro aparatos y compró otro para el baño. Ella sólo ve canales de la oposición. Evidentemente en eso quisimos hacer una parábola sobre (Gustavo) Cisneros (empresario televisivo antichavista) y las TV privadas. Viendo esos canales ella descubre que la mentira estaba en su propia casa cuando ve a su marido en una marcha chavista.

–Fue peor que pescarlo con otra mujer.
–Para ella ser chavista es peor que el adulterio. En Amores... hablamos de la hipocresía de parte de la sociedad pero también de la mentira en la TV. En el golpe del 2002 la TV privada fue cómplice y ocultó la reacción popular en favor de Chávez.

–Un documental sobre el golpe se titula La revolución no será televisada. ¿Esta vez lo será?
–Creo que esta vez la revolución será televisada

Entrevista a Román Chalbaud

Ernesto Villegas - En confianza VTV
Caracas, 30 de junio de 2003

EV: A esta hora damos la bienvenida al maestro Roman Chalbaud, cineasta, dramaturgo, director de 19 películas y unas 14 obras de teatro. Bienvenido.
RCh: Encantado, mucho gusto.
EV: ¿Cómo está? ¿Cómo ve la situación del país?
RCh: Por un lado muy buena y por el otro muy mala. El lado bueno es que estamos viviendo cosas que estaban ocultas, que estaban invisibles, que no nos las dejaban ver, nos habían ofrecido la gran Venezuela y un día se descubrió que la gran Venezuela era un queso grullere, lleno de huecos por todas partes, y entonces lo que era invisible ahora se volvió visible. Y los que invisiblemente robaban en aquella época, hoy están muy molestos y están tratando de que este proceso no continúe, y por eso digo que hay una parte buena y una parte mala. Otra parte mala es, desde luego, esa furia, esa violencia entre unos y otros, que pienso que debe terminar porque es dañina para todos los campos. Pero yo estoy muy contento de que este proceso ocurra y que se ponga a la luz todas esas cosas que estaban ocultas, y que nosotros los cineastas denunciamos mucho en nuestras películas.
EV: Está en el tapete la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, ¿sorprendió a alguna gente ver una entrevista en la prensa a su persona, en la que usted manifestaba apoyo a este proyecto?
RCh: Sí, cómo no.
EV: ¿Por qué?
RCh: Porque es necesario, no puede ser, la libertad no es libertinaje. Yo decía que si a tu hijo le gusta chapotear en el lodo, tú no le puedes echar más lodo encima: No, chapotea en el lodo, a él le gusta. Entonces eso pasa con la televisión y ese es el rating. Cuando nosotros hacíamos televisión desde el año 53 y no existía el rating, la programación era cultural, pero no cultural en el sentido fastidioso, era amena y al mismo tiempo que entretenía estaba educando a la gente, y la televisión poco a poco se ha ido convirtiendo en eso, en un gran lodazal donde hacemos que nuestro pueblo le guste chapotear en el lodo todo el tiempo. Y como a todos nos gusta chapotear en el lodo, una gran mayoría de la gente se dejan vislumbrar por esos alardes técnicos, por esa gracia barata y nos lleva realmente a un camino no muy bueno para el cerebro del venezolano.
EV: Muchos artistas salen en cuña en la televisión, condenando ese proyecto de Ley, lo llaman Ley mordaza, e incluso llegué a ver en Anzoátegui unas vallas donde el Colegio Nacional de Periodistas regional decía: "Queremos ver el Clon, queremos ver tal programa, no aprueben esa Ley..."
RCh: Yo creo que no la ha leído bien, yo no pienso que hay mordaza por ninguna parte. Yo pienso que es necesario regular ciertas cosas porque no puede ser que por poder económico la gente pueda hacer lo que le dé la gana.
EV: Ahora, hay un principio muy arraigado en el mundo del espectáculo y la televisión que es de la autorregulación, que las empresas mismas se dan su regulación y que el Estado no debe intervenir en esas cosas.
RCh: Sí, pero eso también produce la autocensura, porque ya cuando uno trabaja con esas premisas entonces ya uno se va autocensurando porque sabe que hay cosas que no se pueden decir, porque a los patrones, que son dos los que hay, los dos grandes patronos, no les gustaría sacar este programa, y entonces hay que hacer lo que ellos quieren, y eso no está bien. Está bien que haya libertad, desde luego que la tiene que haber y la hay, pero no llegar hasta ese punto.
EV: Mire, y usted que es un hombre que vive de eso, ¿qué reacción ha recibido luego de esa entrevista en la prensa, en la que de alguna manera se marcó incidente, marcó disidencia frente al grueso de la gente?
RCh: Es que yo siempre he tenido esa aptitud, yo creo que eso no sorprende, quizás mucha gente no lo sabía, pero a través de mis películas yo he denunciado, y de mis obras de teatro desde los años 60, y las películas de los años 70, he denunciado la corrupción, he denunciado las injusticias que se han cometido contra el pueblo venezolano.
EV: ¿Qué es lo que pasa, Chalbaud, con el cine venezolano, que uno no ve producción así abundante en estos últimos tiempos?
RCh: Nosotros habíamos llegado a un arreglo firmado, a un contrato con los escribidores y exhibidores, a finales de los 70 donde de la taquilla se sacaba el 6.6% para el Fondo de Fomento Cinematográfico, y con eso era que se hacían las películas. A medidas que las películas venezolanas fueron teniendo éxito, y en el año 86 de las diez películas mas taquilleras, 7 fueron venezolanas, por supuesto quedó relegada un poco la producción holliwoodense, porque los 7 puestos de los 10 eran cine nacional, cosa insólita, que no había logrado ni el cine mexicano, ni el argentino, ni el español. Bueno, a partir de ese momento los distribuidores exhibidores decidieron quitarnos el 6.6 de la taquilla que habían firmado, y ellos después fueron demandados, pero son demandas que no conducen a ninguna parte. Justamente, pasado mañana, miércoles, vamos a tratar todo los cineastas, llevamos al Congreso la reforma de la Ley de Cine, porque cuando la Ley de Cine se aprobó, se aprobó chucuta, había 2 articulados que fueron quitados antes de que la Ley se aprobara, uno es: que la televisión debe ayudar al cine venezolano como en todas partes. En España hay lo que se llama derecho de antena, cuando se va a hacer una película española, algún canal español dice yo pongo el 50 por ciento de esa película, pero esa película es mía después cuando vaya a los canales de televisión.
EV: Esa aspira usted que se incluya acá en Venezuela.
RCh: Sí, y aspiramos todo, y estaba incluida pero la quitaron en el momento de la aprobación de la Ley.
EV: ¿Y quién presionó para ello, canales venezolanos no están interesados en eso?
RCh: Evidentemente, no están interesados. No están interesados en la producción independiente. Aunque nosotros hemos demostrado con nuestras películas que dan rating, y son pensadas por nosotros. Cuando nosotros somos contratados por la televisión, tenemos que hacer lo que ellos piensan y no lo que nosotros pensamos. Para que la televisión siga ese ritmo de gran rating que dicen ellos, que no siempre es así, por supuesto, pero que no sea novedoso, que no haya nada nuevo.
EV: ¿Cuál fue su última película?
RCh: Pandemonium.
EV: ¿Y no hay una película que quisiera hacer?
RCh: Sí, muchísimas.
EV: ¿Cuál se le ocurre en medio de toda esta situación que viven los venezolanos?
RCh: Bueno, yo tengo los derechos de Maisanta, que se los compré a Tapia para hacerla.
EV: José León Tapia.
RCh: A José León Tapia, cómo no. También tengo un guión muy hermoso que se llama "Las 13 fieras", que es de Juancarlos Gené, yo se lo encargué en el año 84, es sobre Martín Espinoza, aquel que traicionó la revolución cuando Zamora y Zamora lo mandó a fusilar, y es un guión muy hermoso y espero poderlo hacerlo algún día. Ahora, en mi mente, yo quisiera hacer la vida de Sucre, la vida de Teresa Carreño, las Lanzas Coloradas, pero necesitamos muchos recursos que no tenemos.
EV: Nosotros no tenemos tiempo, vamos a una pausa y regresamos ya con Román Chalbaud.
EV: Continuamos con Román Chalbaud. ¿Qué está haciendo Román Chalbaud últimamente?
RCh: Bueno, estoy escribiendo con Ibsen Martínez una telenovela que se llama Juana y Valentina, que nos encargaron para México, justamente acabamos de estar en México y la estamos escribiendo desde aquí, vivimos aquí y la mandamos por Internet. Pero ahora vamos a volver a México, a Guadalajara, Jalisco, porque la novela empieza allí, para empaparnos de ciertas cosas ¿no?
EV: ¿Y qué tal le va con Ipsen? Son amigos ustedes ¿no?
RCh: Somos amigos desde los año 70, desde que Ipsen empezó.
EV: Tienen diferencias políticas, por supuesto.
RCh: Sí, pero no muy notables y nos llevamos muy bien y dentro de un gran respeto como debería ser ¿verdad?
EV: Volviendo al tema del cine nacional, usted me corrige, comparo un poco el cine nacional con el Presidente Chávez, porque de alguna manera tiene su público, usted dice que las películas venezolanas son de altísimo rating, de altísima audiencia y taquilla, pero no responden a los cánones estéticos de la industria de la comunicación, siempre se dice del cine venezolano que hay muchos ranchos, que hay violencia y la gente siente, alguna gente, sobre todo la clase media, cierta distancia. ¿Estoy en lo cierto?
RCh: Sí, yo fui a ver en estos días la película irreversible, que es una película francesa muy fuerte...
EV: Horrible me dijeron que es.
RCh: ...al principio yo me sentía muy molesto porque uno fue educado de una manera; pero a medida que fui comprendiendo la película, vi que era una magnífica película, está muy bien hecha, una película muy difícil...
EV: Me dijeron que había una violación que dura 20 minutos.
RCh: Sí, dura 10 minutos y es un rollo completo, se salieron varias parejas del cine y una pareja que estaba atrás se levantó furiosa y dijo: "¡Esto parece una película venezolana!".
EV: ¿Cómo se sintió usted cuando escuchó eso?
RCh: Bueno, me reí, porque es francesa la película, y esas cosas pasan en todas partes del mundo ¿no? La violencia no es solamente venezolana, en todas partes del mundo hay l os problemas que también nosotros vivimos con diferencias ¿no?
EV: Lo que pasa es que hay cierta gente que prefiere la violencia de por ejemplo "Arma mortal", que estallan 8 carros y los tipos siempre resuelven las cosas de una manera muy particular ¿no?
RCh: Allí todo está basado en los efectos especiales y los personajes no son humanos; la violencia del cine venezolano es con personajes humanos, y con un estudio sociológico de cómo somos. Y lo que tú hablabas de rating, por ejemplo, "Carmen la que contaba 16 años", una película que yo hice por allá por los años 70, 80, no me acuerdo, ganó el rating por primera vez en 23 años le ganó el rating a "Radio Rochela", y en ese momento los canales empezaron a comprar película venezolana. Pero lo perfecto sería que nosotros fuésemos productores independientes y que nos dejaran hacer las películas y que nosotros no se las vendiéramos por la cantidad que se las vendemos a los canales sino por una cantidad mayor. Te pongo un ejemplo, si Carmen daba más rating que Julio Iglesias, y a mí me la compraban por 5.000 dólares, y a Julio Iglesias le tenían que pagar 150.000 dólares, y tenía unos puntos de rating menos que yo ¿entiendes? Entonces es una gran injusticia. Pero tú por ser venezolano, por ser de aquí: "No, no, pero esa es venezolana..." Te la pagan no en 150.000 dólares sino en 5.000 dólares.
EV: Ahora, ¿por qué el cine venezolano tiene esas características de enraizar esa violencia prácticamente constante, no sé si exagero, con las causas que la producen, y digamos, enrostrarle a la gente la marginalidad y la pobreza que existe en Venezuela?
RCh: Si tú agarras la lista de 200 películas hechas en Venezuela en los años 70, se hacían 10 al año, años 70 y 80, solamente un 30% tratan ese tema, pero son las que han ganado más premio y las que han ganado más dinero, y las que están mejor hechas, y entonces eso contribuye a que el público las vaya a ver y se interese por ella. Ha habido miles películas venezolanas muy hermosas como "Oriana", de Fina Torres, "Manuela Sáenz", de Diego Risque, que tuvo mucho éxito, por supuesto; pero ninguna ha llegado a los límites que han llegado las películas que tratan sobre la violencia, porque la gente se ve reflejada en un espejo, porque no es solamente la violencia, es nuestra manera de ser, es nuestra manera de hablar. A la gente no le gusta la grosería en el cine venezolano, pero en el cine americano hay miles de groserías que no traducen y como no las entienden no les importa; o hay esa clase media alta que prefiere ir al cine en Miami, o en Nueva York, o teatro en Miami o Nueva York y te dicen, yo no veo teatro en Venezuela, yo voy a Brodway a ver teatro, y eso es lamentable.
EV: La gente que rechaza el cine venezolano es más o menos la misma que rechaza a Chávez, volviendo a la comparación que hacíamos al principio.
RCh: Bueno, no me atrevería a hacer eso, pero sí hay algo de verdad en esa suposición, es una suposición, pero puede haber algo de cierto.
EV: ¿Y qué nos dice usted sobre ese rechazo en que consiste la figura del Presidente en un sector importante de la clase media, media alta?
RCh: Bueno, ese rechazo ha sido basado en la televisión. Si yo anuncio por la televisión una crema dental que se llama Román Chalbaud, que no existe hasta el momento pero yo la empiezo a anunciar, y la hago, la puedo hacer famosa y hacer que todo el mundo use esa crema dental; lo que tú vendes por televisión llega a millones de personas y por supuesto convence a millones de personas. Entonces yo pienso que el señor Presidente le han hecho una campaña feroz, una campaña mortal con cómicos que lo imitan, se han burlado de él, han hecho que un gran sector del público lo tome a chacotas, que le irrespete...
EV: ¿Y él mismo no ha contribuido a eso?
RCh: Ha contribuido un poco, es cierto. Pero, por ejemplo cuando hubo lo del golpe del 12 de abril, él dijo que él también había cometido muchos errores, lo confesó y fue muy sincero, yo creo que Chávez es un hombre que es muy sincero, y entonces lo han pintado como un insincero, como un militar terrible, como un dictador... y no es ninguna de esas cosas, eso es falso, eso es mentira; que no sabe hablar, y a veces se expresa estupendamente yo le he oído hablar en los discursos por televisión en el exterior, y muy bien.
EV: Chalbaud tenemos que hacer una pausa y al regreso yo quisiera que usted que conoce a mucha gente, supongo, del medio artístico, a la maquinaria, digamos, industria que está en los canales de televisión, ¿por qué su actitud? ¿Pudiera usted contarnos cuál es su apreciación acerca de las motivaciones que hay detrás de esas campañas, esa situación, digamos, de ferocidad también frente al Gobierno y frente a los sectores que lo apoyan? Vamos a la pausa y regresamos. Último segmento con Román Chalbaud. Empresas periodísticas, intelectuales, artistas, directores, cineastas ¿tienen una actitud más o menos homogénea de ferocidad no sólo del Presidente sino frente a la gente que lo siguen? ¿Por qué? Usted que viene de ese mundo.
RCh: No, yo pienso que no, que hay mucha gente, lo que pasa es que mucha gente que piensa de otra manera no le dan cabida en los periódicos ni le dan cabida en la televisión. Pero yo pienso que hay mucha gente que no conocemos, o mucha gente que se está gestando que piensa de esa manera. Pero si todos los medios están en contra de algo, seguramente dentro de esos medios está prohibido hacer un elogio de algo que ellos combaten ¿verdad?
EV: Tenemos llamadas del público. María González, desde Maracay, dice: "La Ley mordaza fue establecida en gobiernos anteriores sin consultar a los ciudadanos venezolanos, ahora estamos disfrutando de una verdadera libertad de expresión. ¿Usted cree que hay libertad de expresión en Venezuela?
RCh: Sí, totalmente.
EV: Hubo un atentado a la periodista Marta Colimina el viernes pasado, ¿qué nos dice usted, qué opina de eso?
RCh: Bueno, cualquier atentado es lamentable, pero en este caso a mí me parece como un teatro, porque cómo es posible que una gran cantidad de hombres rodean un carro tan pequeño y en realidad no hagan nada ¿verdad? Yo creo que es un teatro el que se montó.
EV: Desde Caricuao, Ilen Paredes: "Estoy de acuerdo con la Ley de Contenidos porque hubo un programa en un canal privado donde dijeron la palabra ninfómana, mi hija de 11 años me preguntó qué significaba y no supe qué contestarle, además hay demasiada censura". Cumbre de Curumo, de allí llama Alicia y Valentina, las dos y felicitan al señor Román Chalbaud por su ética y trayectoria tan hermosa, siga adelante, le dicen. Juan Barrios, desde Maracay: "¿Existe la posibilidad de financiar el cine venezolano con cooperativas y organizaciones de esa índole?"
RCh: Podría ser, sí.
EV: ¿No hay cooperativas de cineastas?
RCh: Sí han hecho, salió una película donde faltaba dinero y todos los técnicos se unieron e hicimos como una cooperativa ¿no?
EV: Celeste, de Maracaibo: "A la Ley antigua le colocan la portada de la Ley nueva". Felicitaciones "En Confianza" y "La Lámpara de Diógenes". Desde Maracaibo la señora Claudia: "Felicitaciones por la valentía que ha tenido en reconocer que la Ley de Responsabilidad Social es buena porque es bien sabido que los medios ahora lo van a atacar". Ilda Goitía, desde Maracay. "Aquí el canal local ha adoptado el estilo de programación de los canales privados. Deseo con todas mis fuerzas que se apruebe la Ley de Responsabilidad Social y nos saque de esta programación vulgar". Desde el estado Anzoátegui, Josefina Matute: "TV no pasa películas venezolanas, solo mexicanas, ¿por qué no transmite películas de nuestro país que son tan buenas?"
RCh: Buena pregunta...
EV: Vamos a tratar de responder.
RCh: Y hacer telenovelas aquí, pero buenas telenovelas. Y me acuerdo cuando Cabrujas hizo "La Dueña", y el Canal 8 ganó rating por primera vez con novelas.
EV: ¿Usted estaría dispuesto a dirigir una novela acá?
RCh: Cómo no, si es lo que me guste y que el tema sea bueno, cómo no, claro que lo hago.
EV: Jesús Peñalver desde Los Caobos: "Maestro, muchas gentes anhelados, deseamos y reconocemos que usted dirige una película de Teresa Carreño que este año cumple 150 años". Y desde Catia, David Bello: "De volver a hacer películas venezolanas contrataría nuevamente a los actores que siempre incluía dentro de ellas, como Orlando Urdaneta y Miguelángel Landa, ¿por qué siempre contrataba a los mismos?
RCh: Bueno, no es que contrataba a los mismos, Miguelángel y yo, y César Bolívar fundamos nuestra compañía Gente de Cine en 1973, con la cual hicimos muchísimas películas.
EV: ¿Y con Orlando?
RCh: Y Orlando lo llamamos, yo a Orlando lo conozco desde que tenía 14 años, que él fue a hacer una audición para la "Hija del dolor", había un hijo de Eva Moreno y Edmundo Valdemar, y él ganó la audición, y allí empezó el a trabajar, él venía de Bambilandia. Por cierto, tengo tiempo que no lo veo y lo voy a regañar porque está haciendo cosas indebidas.
EV: Cuando él habla, usted que lo conoce tanto, ¿el está hablando en serio? Porque uno lo ve y es muy furibundo y él era una persona afable al menos de los ojos del público, y entonces uno no sabe si él está hablando ahí el político o el actor. ¿Qué cree usted?
RCh: Bueno, yo te voy a confesar una cosa, yo no lo veo, porque me da mucho dolor, sí, me parece que hay como una gran farsa, con una comedia del arte, una cosa que a la gente tampoco le agrada mucho, a ningún tipo de personas, y más bien creo que eso le ha causado daño a él mismo.

Entrevista a Luís Britto García

"Un intelectual es quien emplea sus conocimientos para participar de manera crítica en la vida política y social."

LUIS BRITTO GARCÍA

Gente pacífica. No lleva revólver, black jack, navaja, cachiporra o cortaúñas. El tiempo le alcanza para leer innumerables libros, que abarcan desde la culinaria y la influencia del ajo porro en los suculentos guisos del pueblo kurdo, hasta los libros que Jorge Luis Borges no alcanzó leer. Trato cordial. No se le conoce pandilla ni tribu. Anda solo por las calles del mundo. La madrugada no le sorprende en una barra. Y hace bien. Practica submarinismo y budismo zen. Fomenta revoluciones. Amigo de causas perdidas. Lee y escribe. Ha sido consagrado en dos oportunidades en Cuba, con el Premio Internacional Casa de Las Américas, con sus obras Rajatabla y Abrapalabra. En su tierra, profetizó y lo escuchamos: en el año 2001, se le otorgó el Premio Nacional de Literatura. Podemos citar entre sus obras: Vela de armas, La orgía imaginaria, La máscara del poder: del gendarme necesario al demócrata necesario, Piratas del mar........
Agradecemos su presencia en el camino de las entrevistas.

ENTREVISTA A LUIS BRITTO GARCÍA

1. ¿Cómo nace en usted la vocación por la literatura?
-Mi mamá se negó a leerme las comiquitas para obligarme a aprender a leer. Pasé violentamente del Príncipe Valiente a La Iliada. No he tenido otra motivación para leer y escribir que el placer. A los diez años comencé a redactar dos novelas inconclusas con ilustraciones, una de ciencia ficción y otra policíaca. Desde los catorce publiqué relatos humorísticos en un periódico mural que editaba todas las semanas, y escribí mi primer cuento literario a los diecisiete.

2. En su fructífera producción literaria notamos que abarca con solvencia el ensayo, la narrativa y la dramaturgia. ¿Nunca le ha picado el gusanillo de la poesía?
-Decía sir Phillip Sydney que se puede ser poeta sin escribir versos, así como se puede escribir versos sin ser poeta. He escrito mucha poesía pero no me atrevo a publicarla y ni siquiera a llamarla así. Poesía es lo supremo que se logra en cualquier creación humana; me sentiría presuntuoso publicando algo con ese rótulo.

3. ¿De cuál de los novelistas venezolanos se siente más cerca y más distante?
-Quisiera aproximarme a la pasión de José Rafael Pocaterra y al dolor de Alfredo Armas Alfonso. Quienes pretenden alejarse del dolor y la pasión, están distantes de sí mismos.

4. ¿De cuáles de los novelistas extranjeros se siente más cerca y más distante?
-Desearía acercarme a la experimentalidad de Joyce y los abismos de Dostoievsky. Sin experimento y sin abismo sólo hay, como decía Rulfo, puras distancias.

5. Por lo que uno le oye a buena parte de sus lectores, lo definen como un escritor comprometido. ¿Qué sentido le da al compromiso?
-Hacerse responsable de lo que uno hace o dice, en un mundo donde las transnacionales, las potencias, los partidos, los organismos financieros, los medios, los corruptos, los jueces, los golpistas no son responsables de nada.

6. ¿Qué labor literaria desarrolla actualmente?
-Tengo dos libros nuevos listos, uno de relatos y otro de ensayos literarios. Trabajo en algo que no sé si puede escribirse: una novela sobre la inteligencia artificial. Avanzo de vez en cuando en varios tomos sobre la integración de las artes en Venezuela y sobre la identidad del venezolano. Descanso concluyendo los guiones para una serie de televisión cultural, El imperio de los piratas.

7. Hablemos acerca de sus lecturas.
-Novela: Joyce. Cuento: Kipling. Literatura femenina: Colette. Filosofía: Nietzche Filosofía política: Thomas Hobbes. Poesía: Blake. Dramaturgia: Ramón del Valle de Inclán. Literatura fantástica: Freud. Humor negro: Rulfo. Humor frío: Borges. Humor cálido: Ramón Gómez de la Serna. Humor fantástico: García Márquez. Humor feroz: Otrova Gomás. Ciencia ficción: Olaf Stapledon. Lingüística: Chomsky. Biografía: La pequeña crónica, de Ana María Magdalena Bach. Autobiografía: Tolstoy. Amor: Stendhal. Utopía: Charles Fourier. Estrategia: Siete pilares de la sabiduría, de Lawrence. Piratería: Diario de a bordo del cirujano Exmelin. Matemáticas: René Tom. Filosofía de las matemáticas: Bertrand Rusell. Teoría del caos: Gleick. Cibernética: Norbert Wiener. Biología: Crick y Watson. Psiquiatría: Linus Pauling. Economía: Marx. Sociología de la cultura: Bourdieu. Cosmología: Hawkins. Historia: Bernal Díaz del Castillo. Filosofía de la Historia: Spengler. Historia económica y social: Federico Brito Figueroa. Puedo seguir indefinidamente. Seguiré indefinidamente.

8. Le ha dedicado excelentes páginas al humor. ¿Qué pasa cuando un humorista pierde esta cualidad?
-Se dedica a defender a la gente más seria del mundo: patronos y sindicaleros.

9. ¿Cómo caracteriza la trayectoria de la narrativa en el ámbito nacional?
-Cierta narrativa exquisita fue el cementerio de elefantes de las modas culturales foráneas. Fue romántica cuando Europa se había pasado al positivismo; positiva cuando en Europa irrumpe el decadentismo que nosotros llamamos modernismo; modernista cuando en el Viejo Continente florecen las vanguardias; vanguardista cuando el Viejo Mundo se vuelve postmo, y ahora se disfraza de postmo cuando Europa se ocupa de sí misma. Lo único válido recuperable quedó cuando por sinceridad o descuido fuimos nosotros mismos.

10.¿Qué papel le corresponde jugar al narrador en los actuales momentos? Si es que le corresponde desempeñar alguno.-Narrar. Ignorar a los aparatos culturales que subsidian el silencio o premian la esterilidad. Aún si es falsa, la obra dará testimonio de la falsedad de la sociedad donde se genera. Aún si es rebuscada, la obra retratará fidedignamente el artificio con el que la sociedad intenta disimular sus carencias. Incluso si es vacua, por esa obra toda una clase expresará su vacío.

11.¿Qué importancia ha tenido para su vida y obra los estudios de derecho?
-Medio de vida al que al fin tuve que renunciar por asco a los tribunales. Cantera de temas. Fuente de estrategias estilísticas, como una narrativa en forma de expediente judicial en mi novela Vela de Armas. Instrumento crítico para el análisis del sistema financiero. Centro de articulación de conceptos económicos, sociológicos, políticos y lingüísticos para mis estudios sobre ciencias sociales y lenguaje. Desconfianza de la norma escrita y de sus adoradores.

12.Hablemos un poco de política local. ¿A qué distancia se encuentran Fedecámaras, la CTV y los medios de comunicación de la democracia participativa y de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela?
-¿Quién elige a los patronos que integran Fedecámaras? ¿Quién elige a los sindicalistas de la CTV, que no son designados por voto directo ni universal de los trabajadores, trabajadores de los cuales no está sindicalizado ni el 12%, y cuyos votos y actas no aparecen nunca? ¿Cuándo se ha sometido a votación popular el nombramiento de los dueños de los medios o sus líneas editoriales? Como en tiempos de la República Oligárquica con sus constituciones censitarias, se pretende que sólo puedan participar los propietarios y que sólo éstos puedan válidamente elegir y ser elegidos.

13.En la Plaza Altamira la gente pide libertad. ¿A qué se refiere éste importante grupo de personas cuando invocan este concepto?
-A la libertad de cuatro televisoras, cinco grupos de capital, seis periódicos, veinte ex-militares y dos mil gerentes de la nómina mayor de destruirle sus instituciones constitucionales, su gobierno electo y sus medios económicos de vida a 24 millones de venezolanos.

14.¿Qué es para usted un intelectual?
- Quien emplea sus conocimientos para participar de manera crítica en la vida política y social.

15. Grupos opositores catalogan a este gobierno de dictatorial. La realidad nos demuestra que no existen presos políticos ni casos de tortura: los medios de comunicación actúan con plena libertad. Se conocen 4 exiliados: el coronel Soto, el almirante Molina Tamayo, el empresario Pedro Carmona, y ahora, Carlos Ortega. ¿Cuál es su opinión al respecto?
-Una pregunta no debería llevar la respuesta implícita, salvo cuando ésta es una realidad como la que apuntas.

16.Muchos creadores se negaron a opinar de política, en momentos críticos de la historia contemporánea de Venezuela. Cantaura fue un incendio en el aire. Ahora, tocan tierra. Y así, miran con simpatía el modelo democrático que se comenta en la Plaza Altamira; llaman paro cívico al lock out empresarial y aplauden a rabiar el sabotaje petrolero, quebrando lanzas por los meritócratas de Pdvsa. En resumen, ¿Tiene alguna opinión sobre esta novedosa actitud?
- Tomo prestado un aforismo de Oscar Wilde: no tenían nada que decir, y lo dicen. Cada vez les será más difícil decirlo. La empresa privada a la cual idolatran ha cerrado todos los papeles literarios, suplementos culturales y boletines exquisitos que eran como su crónica social. Para los que siempre intentamos decir algo, está en marcha una cacería de brujas como nunca se ha visto en la historia de la cultura venezolana. Debo aclarar además que en Cantaura no hubo un incendio, sino la emboscada y la ejecución en masa de decenas de izquierdistas, a algunos de cuyos deudos conozco.

17.No le voy a preguntar qué consejo le daría a los escritores jóvenes. ¿Qué consejo le daría a los viejos escritores?
-Son viejos escritores los que defienden los poderes caducos. No se pasen a defender los poderes nuevos, porque los desacreditarían.