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Ensayo del Tiempo


Daniel Ramírez Meléndez. México 1973. Escritor de innumerables cuentos, ocho novelas, y ensayos de corte científico, además de más de doscientas canciones que permanecen inéditas.

Tiempo es un postulado de que las cosas persistirán ahí.

Es el desplazamiento de las partículas en el espacio; la demora de este desplazamiento es lo que da la idea de tiempo.

Tiempo es la verdad que nos creamos de la persistencia de las cosas considerando el movimiento de las partículas a través del espacio.

Es determinado por la sucesión de ciertos fenómenos cíclicos como el día y la noche.

Para poder determinar el momento del tiempo y su medida son necesarios puntos de referencia; los seres humanos miden el tiempo en base a los movimientos de los astros; el sol, la luna, los planetas y las estrellas, el movimiento cíclico que llevan a cabo es el que ha dado al ser humano el punto de referencia para medirlo a través de todas las épocas y lugares.

Según este concepto el tiempo en su mismo no existe pues es algo asimilado por el ser humano de acuerdo a su propio entorno, el desplazamiento de la tierra alrededor del sol dura trescientas sesenta y cinco veces una vuelta en su propio eje, de esas forma el ser humano ha creado los ciclos en los que mide su tiempo, día y año.

De esta forma llegamos a una conclusión, si es como lo he escrito no es posible viajar a través del tiempo por que este no es algo físico sino una asimilación a través del desplazamiento de los astros. El ser humano no podría hacer volar sus naves a través del espacio si no existiera espacio, tampoco se puede viajar en una carretera si no hay carretera. Pero el espacio existe, esta ahí y los astros se mueven ahí, no había caminos pero el ser humano los hizo. Pero el tiempo es algo distinto, es algo que el ser humano a creado para tener idea de la sucesión de las cosas, el tiempo no existe, no es algo palpable, es decir, es solo una consideración, por lo tanto no es posible viajar a través del tiempo como no sea leyendo libros de historia o viendo cine, y es que el movimiento de esas partículas fue registrado pero no se puede viajar a través de partículas desplazadas y no registradas, pues para que eso fuera posible todas las partículas y hechos universales que nos han dado la idea del paso del tiempo tendrían que retroceder, y como sabemos seria absurdo que sólo para ver que decían los escritos quemados en la Biblioteca de Alejandría pidiéramos que la tierra, las estrellas y todas las partículas que conforman el universo en el que vivimos retrocedieran para volver a repetir los hechos referidos.

Poemas de Cesare Pavese


Cesare Pavese (Italia, 1908-1950) Estudió filología inglesa en la ciudad de Turín y tras su licenciatura se dedicó a traducir a numerosos escritores norteamericanos, así como a escribir crítica literaria. Sus escritos antifascistas, publicados en la revista Cultura, lo condujeron a la cárcel. Publicó los siguiente libros: Allá en tu aldea (narrativa 1941), la playa (narrativa 1942), El compañero (narrativa 1947), Diálogos con Leucó (poesía 1947), La casa de la colina (narrativa 1949), La luna y las fogatas (narrativa 1950), El oficio de vivir (diario póstumo,1952).


DISCIPLINA ANTIGUA

Los borrachos no saben hablar a la mujeres
y se han dispersado; nadie los quiere.
Van despacio por la calle, la calle y los faroles
no tiene fin. Alguno camina más lejos:
pero no hay nada que temer, mañana regresan a casa.

El borracho que se aleja, piensa que está con mujeres
-los faroles son siempre los mismos y las mujeres, de noche,
son siempre las mismas-: ningna lo escucha.
El borracho discurre y las mujeres no quieren.
Estas mujeres que ríen son las palabras que dide:
¿Por qué ríen tanto las mujeres o, si lloran, gritan?
El borracho desearía una mujer borracha
que escuche sumisa. Pero aquellas lo ensordecen
“Para tener ese hijo, hay que pasar por nosotras”.

El borracho se abraza a un camarada borracho,
que esta noche es su hijo, nacido no de aquellas.
¿Cómo puede una mujercita que llora y que chilla
hacerle un hijo camarada? Si aquel está borracho,
en su paso tambaleante no recuerda a las mujeres,
y los dos avanzan en paz. El hijo que cuenta
no nació de mujeres -sería el también
una mujer-. El camina con el padre y discurre:
los faroles le duran toda la noche.

ANDARTE CON APURO


François Migeot (Francia,1949) Docente-invesigador en Japón. Actualmente docente y director de investigaciones en la universidad de Franche-Comté (Francia). Obtuvo el premio de poesía llarie Voronca (Ciudad de Rodez, 1993) Y el gran premio universitario del Relato (2.000).
____________________________________________
¿Quién divide al país?

En sus urbanizaciones
ellos pusieron
primero botellas rotas en la cima de sus muros,
luego
barreras y vigilantes armados,
alambres de púas, rejas,
perros bravos
y ahora
cables eléctricos de tres líneas
como en un campo nazi.

Ellos se internaron en el fondo de sus jardines,
de sus oasis,
donde el aire, la vegetación y la entrada
están acondicionados.
De vez en cuando se comunican con el exterior
con intercomunicadores o con pantallas de video
para vigilar a los presos que están afuera,
porque el campo de concentración es la calle,
los cerros y la necesidad,
el polvo y la chatarra
donde viven si Dios quiere.

Prisioneros del hambre, de la miseria,
de la muerte antes de tiempo,
de la enfermedad que acecha,
prisioneros del Mercado que los arruina,
prisioneros de la superstición y de la lotería
prisionesros del resto del mundo
que los otros han comprado, heredado, robado,
desviado, encerrado, colonizado.

Para llegar a sus paraísos electrificados
hay que pasar fronteras, mostrar su cédula, andar bien vestido.
Allí, ellos invintan a sus fiestas a la libertad:
keep walking, añeja de doce años,
ella se viste de etiqueta negra
y se entiende con la CIA y con el Opus Dei
Con ella conversan,
hablan, llenos hasta la glotis,
de la economía que está deprimida.
Hablan de golpe de estado
pasado y por venir,
de la manera de pagar sicarios
y de dárselas de coordinadora democrática;
y ellos se ponen a pensar,
pero piensan con sus panzas,
desde sus bares privados y desde sus piscinas,
y al cabo de cajas y más cajas de cerveza,
al cabo de docenas y docenas de años
pasados en le Chivas Regal
ellos opinan:
sus pensamientos se parecen a esos fondos de vaso
donde los hielos se disuelven en los restos de wisky
-uno duda si es licor u orina-
porque ellos opinan y se oponen,
se oponen a Chávez y dicen que es un dictador
-pero organiza elecciones-
se oponen a la constitución
-pero van al referendum-
van al referendum
-pero rechazan de antemano los resultados-
Ellos insultan al presidente
y dicen que no hay libertad de expresión,
en fin, ellos están en contra de todo y de todo su contrario.
Entonces si uno se atreve a señalar en lo dicho alguna contradicción
ellos,
alcanzando la cima de su dialéctica,
le lanzan el perro.
Caracas, 13 de Agosto del 2004

El corazón de Voltaire


Avalada por la crítica entre las novelas más originales del nuevo milenio, El corazón de Voltaire se desenvuelve a través de correos electrónicos, y demuestra que Luís López Nieves es maestro del género que él mismo nombro “historia trocada”. Con ella recibió su segundo premio nacional de literatura.

Entre sus libros publicados se encuentran:

El silencio de Galileo.
La verdadera muerte de Juan Ponce de León.
Escribir para rafa.

Premio Gran Angular 2008 de literatura juvenil


Fernando Marías nació en Bilbao el 13 de junio de 1958, y vive en Madrid desde 1975. Es novelista, guionista ocasional de cine y editor.
La novela, un delicado alegato contra la guerra, recuerda dos conflictos bélicos con 60 años de diferencia (la Guerra Civil española y la Guerra de Irak) para alertar sobre la necesidad de no repetir lo peor de la Historia, además de poner el acento sobre valores como la amistad, la solidaridad o la empatía.

Relatos breves de Juan Talavera


Juan Carlos Rodríguez Talavera, 1977. Escritor Mexicano residenciado en Distrito Federal. Cuentista por vocación, nos presenta una obra matizada de fango y sangre, producto de largas horas contemplativas y visiones del secreto como forma de lenguaje. Los personajes de Juan Carlos, proclives muchas veces a la psicosis, habitan en ambientes mortuorios, y otras pocas, en intrigantes mundos fantásticos.


Razón contra Imaginación

La razón y la imaginación se enfrascaron en una discusión donde cada uno trataba de demostrar quién era mejor. Por un lado la razón exponía su catálogo de razonamientos y en tono de oratoria perfecta dialogaba sus argumentos. La imaginación, por su parte, exaltaba su capacidad creativa en un discurso lleno de metáforas que erizaban la piel y transportaban al más distraído a nuevos mundos. Así pasaron media vida y, como no se pusieron de acuerdo, se enemistaron para siempre. Desde entonces no hubo más pensadores.


¡Suicidio!


El pequeño Alonso murió ahogado. Entre lágrimas la madre explicó que había encontrado flotando el cuerpo de su “amado” hijito en la cisterna de la casa. Pero ella bien sabía que aquel jueves por la tarde, después de mirar sus calificaciones lo tomó de los cabellos y le hundió el rostro en el interior de aquella cubeta que él tanto odiaba. Alonso dejó de respirar y el ímpetu de esa mujer la impulsó a lanzar el cuerpo inanimado dentro de la cisterna. Ahora ella gimotea como un perro triste frente a los vecinos, delante del cuerpo hinchado y adjudica el suicidio de su hijo a las malas notas en la escuela y a la borrachera del padre, en un lugar donde la violencia no es novedad.

Ilustrados

Soñé que la clase política mexicana se entretenía en triquiñuelas y subterfugios, mientras la nación caía en mil pedazos, embriagada con la final del reality show. Sólo un sueño. Al despertar salí a la calle y no encontré un alma. Pensé que la revolución había comenzado... Pero no, como es domingo, la clase política vacaciona en el extranjero y millones de familias son víctimas del televisor. Qué triste advertir que por aquí la Ilustración nunca sucedió.

Exorcismo


José Antonio Rojas. 1973.Ciudad de Torreón Coahuila al Norte de México. Posee un libro inéditado titulado: “Ecos de pasos” recopilando sus primeros Cuentos de los cuales se destacan : “He Descubierto Algo Horrible”, “Scrah”,” Luces Rojas”, “Mensaje Urgente” “Eco de Pasos”, “La Muerte Murió al Matar”, “Seres Nocturnos” “Las Claves” “Cactus” “Café y Destino” “¿Cómo se Gana la Vida un Pobre Diablo?” y “Por Encargo”, de donde pertenece el cuento que ahora presentamos:

Exorcismo

—¡Asmodeo! Impregna de obscenidad y lujuria a ese hereje. Belcebú trasforma sus pensamientos en maldad y podredumbre. ¡Lucifer! Acude a mi llamado, dame tu poder y guíame en esta contienda— invocaba el extraño personaje de túnica negra.

Truenos, quejidos y lamentos, vinieron como respuesta. El pentagrama dibujado en la pared ardió en llamas, los retratos e imágenes satánicas cobraron vida. Todo en torno a un joven amarrado de pies y manos a una cama.

La vorágine concluyó con un momento de calma donde una fragancia dulce y floral impregnó el olfato de los presentes. Trinos de pajarillos ambientaban el vuelo de mariposas multicolores que aparecieron por doquier en la habitación.

—¡Es imposible!—vociferó molesto el obispo negro —No hay nada que hacer esta poseído por el Espíritu Santo— le dijo a una compungida bruja que lloraba la desgracia de su hijo.

Teatro Cubano (Otilio Carvajal)




Tuvimos la afortunada oportunidad de compartir casi toda la noche posterior al Festival Mundial de la Poesía con este insigne poeta cubano. Entre risas y algunos tragos nos regaló el libro de teatro motivo de esta reseña. En cuya contraportada afirma Luís Pérez de Castro: “Condenados es una obra escrita con sobriedad, donde el manejo de la trama y la diversidad psicológica de los personajes denotan dominio del género.
¿encierro, alucinaciones, búsqueda, realismo o fantasía? Son interrogantes que se podrían desprender de esta lectura, presentada con un lenguaje enérgico y punzante.
La idea de una partida, la poesía, la bandera devenida en bolso y la confesión de un posible asesinato, reciben ahora un nuevo aporte con el punto de vista del perdedor individual.
Blanconieba se detiene ante el cruel acontecimiento de ver pasar la vida. Madrastra sigue aferrada a los límites de la podredumbre. Pulgaria puede ser el hallazgo. ¿O será tan solo la continuidad?”

Otilio Carvajal Marrero (Ciego de Ávila, 1968):

Narrador y Poeta. Ha publicado los poemarios El libro del profanador, Oda al pan y Los navíos se alejan; las novelas Ponme la mano aquí, El libro del Holandés, Dime con quién andas y El libro más triste del mundo. Entre sus premios se destacan José María Heredia, Manuel Navarro Luna, Raúl Gómez García y Bustar Viejo, todos en poesía; en narrativa cuenta con el premio Regino Boti en teatro. Es miembro de la Uneac.

Fracaso Stereo

Daniel Cardona Ochoa. Colombia.

Dos horas después estoy en la calle. Podría decir que fueron dos horas perdidas. Aunque el auditorio haya aplaudido a rabiar en el momento en que la palabra FIN se apoderó de la pantalla, para mí esta estúpida película fue hecha para ser olvidada. Yo también.

Compro un paquete de rosquillas rellenas de queso y me las voy comiendo mientras camino. Soy una máquina perfecta, camino y como al mismo tiempo. Dos cuadras más adelante un mendigo me pide una rosquilla. Apuro el paso y lo ignoro, simplemente no se me da la gana de regalárselo. Tal vez lo considero una máquina imperfecta, solo camina, no come.

Refelexiono, ya ni quepo en los pantalones y trago igual que un marrano, sin embargo, le niego un pedazo de harina a un cadavérico sujeto que apenas tiene alientos para arrastrarse. La conciencia se me retuerce y la comida se me atora en la garganta. Debo regresar.

Doy la vuelta, 180 grados sin dejar de masticar, tecnología de avanzada. Me dirijo al lugar donde se encontraba el indigente. No hay rastro de él. Me averguenzo de mí mismo. Continuó mi camino.

Llego emparamado de sudor a la videotienda. Por más que camine, por más que sude, jamás podré eliminar las calorías que consumo, no hay nada que hacer, balance energético para principiantes. La administradora me saluda con falsa simpatía. Sé que piensa que soy un gordo asqueroso. Sé que está en lo correcto. Le miro el culo con malicia para que me coja mas asco.

Voy a la sección de películas europeas. Un título alemán me llama la atención. "Sombras nocturnas". Recuerdo haber leído una crítica al respecto en la sección dominical de cine. El que peca y reza empata. Debo resarcirme de la basura hollywoodense que me tragué en el cineclub. Tomo la caja y paso a la sección de comidas. Un paquete de crispetas y dos barras de chocolatinas serán suficientes para acompañar la película. Tal vez no.

En la taquilla dejo caer el DVD y las golosinas. La administradora me hace la cuenta sin dejar de sonreir. En mi cartera tengo billetes limpios pero siempre guardo uno en mi bolsillo delantero para la vieja esta. Le entrego el sudoroso papel. Lo toma con un inocultable fastidio a pesar de su fallido intento por disimularlo. Me entrega el cambio, billetes limpios y aromatizados. Ahora si saco triunfal mi cartera para guardarlo allí, dejándole ver a la farsante que tenía suficientes billetes limpios como para alquilar noventa películas. Siempre le hago la misma jugada. Le miro el culo. Sufro una erección. No deja de sonreir.

Camino con el paquete unas cinco cuadras. El ascenso a través de la inclinada pendiente me hace sudar como una vaca. Tal vez lo sea. La noche es fresca, una leve brisa me baja un poco la temperatura. Llego a mi apartamento. Me acuerdo del mendigo y por alguna razón le regalo una de las chocolatinas al portero del edificio. El tipo es mas gordo que yo pero mi conciencia se tranquiliza.
Llego al cuarto piso con el corazón en la mano. La bolsa con las crispetas, la chocolatina y la película continúan en la otra. Abro la puerta y enciendo las luces. Entro al cuarto, le echo una mirada a la foto que guardo de mi ex-esposa. La fotografía me recuerda que fuí hecho para ser olvidado. Voy al baño y me ducho con agua hirviente.

Con la conciencia tranquila y el cuerpo limpio me dispongo a ver la película. Antes, saco una cerveza de la nevera. Aprieto el play. Cierro los ojos y pienso en la vieja de la videotienda. Sufro una erección. Con una mano tomo cerveza. Con la otra me hago una paja. Eructo. Un leve olor a cerveza inunda mi habitación. Eyaculo. Un olor diferente se mezcla con el anterior.

Jotamario en "Paños Menores"

En el pasado Festival Mundial de la Poesía, tuvimos el honor de conocer a Jotamario, quien nos regaló y autografió sus PAÑOS MENORES. El Premio Internacional de Poesía “Víctor Valera Mora” fue otorgado a éste autor, quien es considerado como uno de los primeros escritores del Nadaísmo Colombiano. En su segunda edición año 2008, se concedió el primer lugar a esta obra por “la fuerza vital de sus imágenes, su poética contemporánea y la renovación que hace del lenguaje coloquial entretejiendo en el mismo la ironía y el humor.”

ESTOS SON ALGUNOS DE SUS POEMAS:


Poema de invierno

Llovió toda mi infancia.
Las mujeres de la familia
aleteaban entre los alambres
descolgando la ropa. Y achicando
hacia el patio
el agua que oleaba los cuartos.
Aparábamos las goteras del techo
colocando platones y bacinillas
que vaciábamos al sifón cuando desbordaban.
Andábamos descalzos remangados los pantalones,
los zapatos de todos amparaos en la repisa.
Madre volaba con un plástico hacia la sala
para cubrir la enciclopedia.
Atravesaba los tejados la luz de los rayos.
A la sombra del palo de agua
colocaba mi abuela un cabo de vela
y sus rezos no dejaban que se apagara.
Se iba la luz toda la noche.
Tuve la dicha de un impermeable de hule
que me cosió mi padre
para poder ir a la escuela
sin mojar los cuadernos.
Acababa zapatos con sólo ponérmelos.
Un día salió el sol.
Ya mi padre había muerto.


Pompas Fúnebres

Enterró a su abuela como pudo, con amor, con modestia,
con pobres recursos.
En ese tiempo ganaba poco dinero; no había qurido
terminar sus estudios.
Enterró a su padre con toda la pompa, estrenado vestido,
con misa cantada.
Lo habían ascendido en su empleo, le hicieron un préstamo.
Enterró a su madre con un funeral tan solemne
que el cortejo colmó varias cuadras
y las flores no cupieron en el cementerio.
Los tiempos habían cambiado; ahora manejaba el negocio.
Enterró a su amigo del alma en su suelo nativo; fletó dos aviones
que llevaron al sitio cadáver y deudos.
Se había vuelto persona importante: tenía crédito en todos los bancos.
Enterró a la mujer de su vida en un gran mausoleo
custodiada a los cuatro horizontes por un mármol de arcángeles.
La fortuna le había sonreído; marchaban bien las cosas.
Murió pobre, de golpe. Liquidada la empresa lo habían despedido.
Los ahorros de toda su vida había dilapidado en entierros.
Hoy reposa en la tumba contigua
a la tumba que ocupa su abuela.



Venganza China


Los agentes secretos que me perseguían están ahora
en las mismas cárceles donde intentaban guardarme
Las novias que me abandonaron están casadas
con zarrapastrosos
La agencia de arrendamientos que pretendió entablarme
Juicio de lanzamiento fue cerrada por el gobierno
Los empresarios que vetaron mi solicitud de empleo
han visto quebrar sus negocios
El pisaverde que perjudicó a mi hermanita en una piscina
se ahogó en Juanchaco
Los profesores que me hicieron perder el bachillerato
se han puesto verdes viendo
En el pequeño tomo de pastas verdes editado en París
en la letra A:
Arbeláez Jotamario, Cali, 1940, Poeta.


*Para conseguir este libro pueden recurrir a cualquier sede de la Red de “Librerías del Sur” ubicadas en la capital de cada estado.

Cavilaciones por el paria


Arístides Valdés Guillermo (Corralillo, Villa Clara, Cuba, 1960) Graduado en Medicina. Poeta.. Ha obtenido, entre otros, los premios “Encuentro Debate Nacional de Talleres Literarios” (1985), “Cucalambé” (1992), “Fayad Jamís” (1993), “Ala Décima” (2003) y “Fundación de la ciudad de Santa Clara” (2006). Poemas de su autoría aparecen en las antologías Nuevos poetas cubanos y Nuevos juegos prohibidos, publicadas por la editorial Letras Cubanas en 1994 y 1997 respectivamente. Su obra édita comprende, hasta el momento, los siguientes libros de poesía: Las puertas de cristal (Editorial Capiro, 1992), El príncipe de bruces (Ediciones Luminaria, 1997), Esbozos con figura de muchacha (Sed de Belleza Ediciones, 1999) y Meditaciones del náufrago (Editorial Capiro, 2007), Reside temporalmente en Venezuela.




No admitas que agonice la quimera.
Nutre tus esperanzas. La utopía
quizás proponga embellecerle al día
la noche insoslayable que lo espera.
Al navío estrellado en la escollera
lo hace flotar de nuevo su energía.
Extinto el presupuesto en la alcancía,
habrá que descubrir otra manera
de sufragar los gastos. Para el hombre
ya no alcanzan la gloria de su nombre,
ni las genuflexiones ni el arrobo.
Se acercan los crepúsculos. El llanto
solo puede ofrecernos al espanto
del hambre detenida en cada lobo.

II

Las sirenas no existen. Odiseo
desconoce los mástiles. Unirnos
impedirá que pueda seducirnos
la insinuación falaz del corifeo.
Nos muestran un cadalso, pero el reo
se ha negado a las súplicas. Decirnos
que Polifemo anhela dividirnos
incrementa su cáustico deseo
de perpetuarnos débiles. No basta
con la bandera invicta, si en el asta
una mano se quiebra y sube rota
y nadie atiende a su dolor. ¿Valdría
regresar a Noé sin otra vía
para que siga el Arca su derrota?

III

Niégate a la collera. Si el gigante,
siervo de su avaricia, te reclama,
convierte la endeblez de cada rama
en un tizón hundido en su semblante.
El río siempre fluye hacia delante.
Sin una chispa intrépida, la llama
jamás exhibiría su oriflama
frente a la oscuridad itinerante.
La indiferencia duele y es preciso
desarbolar de su fachada el friso.
Condénate a vivir. No aceptes nunca
que un cíclope, a tu flámula reacio,
se apropie de tu nave y de tu espacio
sin que le dejes la mirada trunca.

IV

Ya tu casta esperó lo suficiente;
ya es hora de partir: no te detengas.
Detrás de cada grito que prevengas
fecundará sus páramos la gente
que aplauda tu osadía. Reverente
ha de ser la estación donde sostengas
la injuria cotidiana que devengas
para que, sublevándose, la ingente
saga de tu martirio sume adeptos
más allá de su sangre. Otros conceptos
inundarán el tiempo y la estocada
de quien censure ahora tu hombradía.
Triunfan, después del llanto, la alegría
y, después de la noche, la alborada.

V

Una voz te convoca. Se pretende
doblegar su magnánima elocuencia
vulnerando, con sórdida eficiencia,
el aire que sus prédicas enciende.
Tú eres el cazador. Si te sorprende
la bestia cuando salta, ¿qué dolencia
mitigará tu esfuerzo? La paciencia
no fue jamás un cirio pero entiende
que concluye agotándose. Precisa
tu aliento flagelado una camisa
que trueque los carámbanos en llama.
Bajo el cielo que habitas los rencores
el alma te obliteran. No demores
tu respuesta a la voz que por ti clama.

VI

Languidecen tus hijos poco a poco.
La patética historia del pesebre
no impide los temblores de la fiebre
ni alegra los estómagos tampoco.
Se embriagan de agonía. Con adultas
pociones de maldad, con improperios,
con chancros y fervor y ministerios
les mutilan sus ansias insepultas.
Rasga el vicio la blanda superficie
de su mirada ingenua. La molicie
planta frente a tus vástagos su tienda.
No abdiques de la brújula. Salvarlos
solo podrá quien sepa iluminarlos
con la esperanza que su brazo encienda.

VII

Si tú, como Teseo, al laberinto
le descubres de pronto una salida,
restañarás, andando, la mordida
con que te adormecieron el instinto.
Marchas con el dolor atado al cinto
delante de la espada. Su embestida,
su tétrico dictamen no invalida
el salmo que uno aguarda por distinto.
Importa desatarse del acecho,
proscribir la quietud, sacar del pecho
lo que al hombre le resta de centauro.
El llanto a sus caprichos nos amarra
y es necesario hundir la cimitarra
sobre la sordidez del Minotauro.

VIII

Entre tú y lo que sueñas un abismo:
túrbida el agua y proceloso el cielo.
La utopía delante: aquí tu anhelo
de añadirle tu verbo a su mutismo.
¿Cómo impedir podrán el cataclismo
que te devuelva, grávido el desvelo,
al sitio que usurparon con su celo
quienes te hacen dudar? Si el paroxismo
de la consumación no se decide
y algo, desde la sombra, nos divide,
la inmensidad de tu dolor humano
tendrá que construir, fundida, un puente,
trasponer el abismo y, limpiamente,
acariciar el sueño con la mano.

IX

Vertida ya una lágrima postrera,
es el momento de fundir mitades
y atar a un solo cuerpo voluntades
para ponerle fin a tanta espera.
¿Con qué objetivo dividir la esfera
si, hartos de los versículos y el Hades,
se impone clausurar las oquedades
que han perpetrado en ti tanta ceguera?
No pases de la sed a la costumbre
sin que adviertas, armándote, la cumbre
que la frente de Sísifo interroga.
¿Quién osará ignorarte cuando avises
que te apresuras a tronchar los grises
tentáculos del pulpo que te ahoga?

X

Disponte a caminar. Cuando el armiño
sobre la oscuridad su asombro vierta,
vendrá el futuro a derribar la puerta
que ha distanciado al hombre del cariño.
Tú eres el ademán con que ahora ciño
el arma imprescindible. Si desierta
queda un día la mano, será cierta
la luz en la emoción de cada niño.
Haz que una edad sin lobos precipite
su esperada existencia, que al convite
asista el equilibrio que demandes.
Habrá un tiempo sin úlceras ni plomo
y hay que apurar su advenimiento como
la plata en las raíces de los Andes.


Pienso en ti

Miguel Ángel "Matobas". España.



Yo pienso en ti; tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora;
aunque tal vez tu rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi mente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría,
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, con un estupor profundo,
mi corazón se embarga y enajena,
y allá en su centro, vibra moribundo
cuando, entre el vano estrépito del mundo,
la melodía de tu nombre suena.

Sin amor, sin afán y sin lamento,
sin agitarme en ciego frenesí,
sin proferir un solo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
¡Y pienso en ti!

Cuento. Autor: Carlos Andrés Herrera. Colombia.


Como todos los fines de mes, Heriberto estaba haciendo la eterna fila bancaria para reclamar el paguito que, pese a que no se lo aumentaban desde que comenzó a trabajar de obrero, lo ayudaría a subsistir unos cuantos días más en esta gran ciudad.
-¡¡¡Heriberto!!!- Una voz familiar lo llamaba desde la salita de espera.
Era nada más que Julio Romero, un viejo compañero de clases del instituto en el que había estudiado y que, a diferencia de él, sí había continuado sus estudios superiores, en administración si su mente no fallaba.
Ahora la vergüenza se apoderaba de él, verlo así con esa camisa limpia, con esos zapatos relucientes, con esa chaqueta fina, lo reducían al papel de un pobre diablo. Cada paso de Julio hacia él era una punzada en su corazón, recordaba cuando se destacaba en la clase de matemáticas y en la de historia; que un día le pagó para que le hiciera un par de maquetas y que le metió 3 goles en un partido de fútbol que jugaron en la clase de deportes.
Otro paso más, Heriberto rezaba en silencio para que no le preguntara nada acerca de su vida, aunque ya sabía de antemano que la posibilidad de salvarse de ésta era casi nula. Sus manos comenzaron a sudar, su cara fingió una expresión de sorpresa.
-Hola Julito, ¡como has crecido!- exclamó Heriberto, como si el encuentro hubiera sido muy esperado.
-¡Hola Heri!, ¡tiempo sin verte!, ¿Cómo has estado? -Le dijo Julio mientras estrechaban las manos, sin duda él notó la humedad en su cuerpo.
-Más o menos- Respondió "Heri" incapaz de mentir.
-¿Y eso? ¿Qué hay de tu vida?- Preguntó Julio
"Heri" maldijo al cielo en el acto, las palabras que tanto había tratado de evitar estaban siendo moduladas frente a sus narices.
-Pues normal, me casé hace siete años con Madeleine... ya tenemos tres niños -Respondió Heriberto con la boca seca.
-¿Madeleine la del colegio? ¡Ja!, ¡Eso sí era de esperarse! -Dijo Julio con tonito cínico. A propósito, ¿en qué trabajas?
-De obrero -Respondió en voz baja Heri, sintiendo que el mundo se le venía encima.
¿Y vos en qué?, ¡No y todavía pregunto, que tonto he sido!
-En el grupo empresarial "HewSky"... -Respondió Julio tímidamente, como si sintiera lástima él.
-Uhhh -Un suspiro se le salió a Heri, no tenía la menor idea a qué se refería, pero para no demostrar su ignorancia lo felicitó con una palmadita en el hombro.
-¿Y qué vuelta estás haciendo? -Preguntó de nuevo la inquieta boca de Julio.
-Reclamando el paguito -Respondió agachando la cabeza, no quería hacerlo, pero no pudo evitarlo. Una lágrima estuvo a punto de correr por su mejilla.
-Mmm veo -Respondió Julio. Yo estoy aquí por cuestión de negocios, no es trabajo fácil. Ah mira, ya te van a atender.
En la cabina cinco, una señora gorda de uniforme rojo lo esperaba, y después de aproximadamente cuarenta y cinco minutos de tortura le otorgó el tan anhelado chequecito.
-¡Hasta luego Julio, un gusto verte! -Mintió Heri abriendo las pesadas puertas de cristal blindado. Una vez fuera del recinto caminó afanadamente hasta el mini-mercado mientras sentía cómo el cruel sol de mediodía le arrebataba de un sólo golpe el confort del aire acondicionado.
-¿"HewSky"?- ¡Jajaja pobre diablo!, espero volver a verte... Después de haber salvado su reputación, asesinado al guardia y robado todo el dinero posible, Julio tomó una motocicleta y se echó a la fuga.

Elisa


Cuento. Autor: Alejandro León Meléndez. México



La evolución sexual, que inicia con la aparición del pene en los machos mamíferos y que ha sido totalmente innovada por las hembras homínidas hasta las novedades de las mujeres humanas, ha generado el establecimiento de pautas para la formación social.


Las mujeres homínidas iniciaron con el estro –deseo sexual cada mes más o menos- y se volvieron selectivas con su pareja. Esto era debido a que necesitaban a la mejor pareja para que –por medio de una caza adecuada-, mantuviera a ella y a la cría por el largo tiempo que dura la crianza. La mujer vuelve divertido el sexo con el estro y los machos han de demostrar su valor y su valía. En casos de hembras de chimpancés, quienes durante el estro suelen tener relaciones con muchos machos hasta que, al ir subiendo de escalafón, hacen descender su óvulo cuando están con el macho adecuado.


La pérdida de vello corporal es una propuesta diferente con respecto a las más aceptadas teorías. Las mujeres dejan al descubierto sus atractivos físicos y deja localizables las zonas erógenas más importantes.
El orgasmo femenino es una “invención” muy reciente que procura el regreso del macho de la caza. El macho desea regresar al lecho con su hembra para ser neutralizado luego de la cacería. Ayuda también la necesidad de continuidad de la especie.


Robert Ardrey, La evolución del hombre: la hipótesis del cazador
Cuando me preguntan por Elisa, tengo que señalarla, porque no puedo describirla con meros alientos. Ella es un sueño, un simple suspiro. Les digo allá, ¿puedes verla? Es ella, la que tiene abiertas las piernas. Luego la observan con los ojos perdidos en lo blanco de las paredes, al fondo de un cuadro aferrado al concreto con taquetes y tornillos. Así es, sólo puedo describirla como algo que está aquí pero no existe, ¿entiendes? No puede existir, pero tampoco se va. Está agarrada. Tienen que asentir cuando la observan, así, como ahora, masturbándose no por su placer, sino por el mío.


Pero que no malinterpreten, no es un animal. No es salvaje. Todo lo contrario.


Si me preguntan algo más, les cuento de los moteles. Entrábamos con ella escondida en la cajuela del coche. Era su idea. Cuando la abríamos ella ya estaba desnuda y atada, sabrá por qué artes, con las manos a la espalda. Elisa nos decía, vamos al Lunaescondida, pero guárdenme de una vez. Y allá íbamos carretera arriba, tres horas y media y medio tanque de gasolina. El trayecto incluía pedruscos y polvo, pero también algunos árboles. Es caliente por esos rumbos. Alimentaba el deseo porque la escuchábamos gemir y la imaginábamos deshaciendo los broches del sostén, bajándose las pantaletas. Luego sabíamos que se cubriría los ojos y haría ese acto de contorsionismo que no alcanzábamos a comprender cómo hacía: amarrarse las muñecas ella sola, a oscuras, en ese espacio tan pequeño. Primero se había atado los tobillos y se embutía en la boca un puñado de estopa. Sólo escuchábamos los gemidos.


Pudieron atraparnos más de una vez, en carretera. Conjeturábamos sobre las posibilidades de encontrar una redada antidrogas, o algo así. Si hubieran visto el sudor de nuestras caras, el nerviosismo exagerado, seguro nos piden que abriéramos la cajuela. Nunca pasó.


Le gustaba ese motel en particular porque las paredes y el techo eran puros espejos. Los cuartos se separaban por delgadas paredes de tablaroca. Así podían escuchar los vecinos. Tenían el servicio de videofilmaciones, o nos conseguían lo que fuera. Sólo había que marcar el nueve.


En ese entonces no era grotesca. Era modosa. No perjuraba en la cama, o donde fuera que nos pedía que la jodiéramos. Ahora ya no lo sé, ahora puede cambiar mucho de un día a otro. Siempre tiene un cuerpo distinto, otra voz, a veces es rubia, otras, prefiere los tacones. Entonces no era tan cambiante, aunque de vez en cuando nos pedía que llamáramos a alguna puta. Quería vernos coger con otra mujer, mientras se masturbaba o se ponía a leer indiferente.


A veces, de tanto estar amarrada o por los lazos que usaba, regresaba a la escuela con las muñecas encostradas. No las escondía. Al contrario, parecían enorgullecerle. La veían mal, o con envidia, porque seguro más de uno intuía su procedencia. Nosotros no tuvimos problemas nunca, porque nadie nos relacionaba con ella, era prudente. Jamás abría la boca si no era para gemir.


Ahora... Sí, ahora también. Pero ya no es lo mismo. Sigue produciendo esa excitación, aunque cada vez desparece más rápido. Tal vez por eso cambia tanto, para darme el gusto.


Comenzó cuando intentamos asfixiarla. Ya antes habíamos hecho algunas cosas, como violarla en un parque público, golpearla o penetrarla por ambos lados a la vez, entre otras cosas. Siempre, siempre eran idea de Elisa.
Esa sí es una pregunta recurrente. No le gustaban los juguetes, aunque parezca contradictorio. Mi mujer la penetraba con velas, con mangueras, con fruta, con lo que tuviéramos a la mano. Por lo regular era Elisa quien señalaba los objetos. Una vez fue con el tubo de la cortina del baño. Esa vez salió lastimada, pero no se quejó.


Por eso no es fácil describirla. La tengo que comparar con un coágulo a punto del derrame. Por eso los paso siempre hasta la recámara para que puedan verla hurgándose con la mano y embadurnándose cuanta cosa tenga cerca de ella. Lo hace por complacerme, sabe que me gusta. No lo hace todo el tiempo. Espera a que yo traiga alguien a verla para que comience su acto. Le gusta la exhibición, y a mi, pues, no me desagrada. Fue ella misma quién ató su pierna izquierda y la mano derecha. Se atornilló a la cama, pues.


Le gusta orinarse encima para que yo perciba su olor de hembra en celo. Se unta con su líquido y luego me ensucia la ropa. Una vez me lanzó un chorro de miados a la cara. Yo me volví loco. Pero todo está calculado, ella lo hace sólo cuando lo considera necesario.


En ocasiones se desvanece. Entro a la habitación y ya no puedo verla. De ahí que sea un suspiro. Luego salgo a la calle y pasa un tiempo antes de que la encuentre. Ah, pero siempre la encuentro. Ella se encarga de que así sea.


El día que tratamos de asfixiarla mi mujer creyó que estaba muerta. No me creyó cuando le dije que no era así, Elisa sólo trataba de excitarnos aún más. A mí me excitó en su pose de cadáver, fláccida primero y rígida después. Mi mujer nos abandonó luego de eso. No se quedó a comprobar lo que le decía.
Es desde entonces que a Elisa ya no le gusta ir a los moteles. Eso fue lo que cambió. Tal vez extraña tener a otra mujer entre su piernas. Aunque tampoco me ha pedido que busque prostitutas. Al menos no me ha pedido que lo haga delante de ella. También comenzó con las groserías. A veces maldice. Eso no me molesta, más bien sirve como catalizador.


Todavía hace ese juego de vez en cuando, pero ya descubrí que es cíclico. Como con la luna. Cada determinados días, un mes más o menos, representa su papel de muerta. No sé cómo lo hace, pero se vuelve fría, y pálida. Su cuerpo no reacciona a la penetración. Se deja llevar como hule seco. Eso me enloquece. Es cuando se desvanece y yo la vuelvo a encontrar. Para entonces ya realizó alguno de los cambios. Es más alta, más esbelta, ojos verdes, nunca lo sé. Sin embargo, jamás pierde ese aire de inocencia que yo sé muy bien es calculado, cuidado hasta el más mínimo detalle. Ella sabe cómo tratarme. Si insisten con las preguntas, yo insisto en que Elisa es un sueño. Es imposible su existencia, pero aquí se queda. No sé cómo lo hace. Como atornillada a mi alma. Es lo mismo que cuando se ata de manos sin ayuda. Me refiero a su edad. Por eso les digo que la vean. Esa imagen es verdadera. Tengo las películas y las fotografías para corroborarlo. No importa el tiempo que pase, los meses desde cuando íbamos a los moteles, los muchos cambios, ella siempre tiene once años, siempre, siempre.